Violencia contra la prensa: la historia que los números cuentan

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Durante los últimos 15 años hemos sido testigos de la consumación de la llamada “transición democrática”, con la alternancia política, el refrendo de la derecha en el poder (con el cuestionado ascenso de Calderón) y el regreso del PRI a la presidencia. A la par de la incipiente apertura democrática, el país también experimentó una escalada de la violencia y un cambio en la estructura del crimen organizado: la atomización de los cárteles de droga y la dispersión de la violencia a lo largo y ancho del país.

Durante este proceso el periodismo también se ha ido transformado. El ejercicio de informar evolucionó conforme la oposición política iba ganando terreno democrático. Asimismo, como consecuencia del crecimiento de la violencia ocasionada por los cárteles, los periodistas nacionales incursionaron cada vez más en la cobertura del narcotráfico. Se diversificó la cobertura, pero los medios, especialmente los locales, no estaban preparados para la respuesta violenta que esta cobertura ocasionó. Tampoco estaban preparados para enfrentar la influencia que el gobierno ejerce sobre las líneas editoriales de los medios a través de la publicidad oficial sin controles.

Es este el escenario en que se desarrolla nuestro periodismo. Por un lado, el marco del desarrollo incompleto de una democracia precaria. Por el otro, una realidad social convulsa y violenta que sigue haciéndose visible a través de casos como los de Tlatlaya, el derribamiento del helicóptero de la policía federal por el Cártel Jalisco Nueva Generación y la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Ante esta combinación de variables resulta aún más evidente la importancia del periodismo: su función social como contrapeso del poder y como instrumento para ejercer el derecho de libertad de expresión y acceso a la información. Basándonos en la información que produce y divulga la prensa, tomamos todo tipo de decisiones, desde qué ruta elegir para movernos hasta qué gobernantes elegir.

Y es en este escenario en el que, desde el año 2000, decenas de periodistas han sido asesinados en México. El anhelo de una prensa más libre vía la democracia no se cumplió. Es por esto que resulta crucial entender la fuente y el motivo de la violencia contra periodistas, para poder así detenerla o, al menos, para que los reporteros sepan cómo protegerse. La impunidad —la constante en estos delitos— complica el entendimiento del fenómeno y la falta de datos obstaculiza la construcción una narrativa que nos ayude a comprender las consecuencias sociales de tener una prensa que opera bajo el miedo.

Si no fuera por ciertas organizaciones de la sociedad civil que documentan y analizan este tipo de violencia, no tendríamos ninguna posibilidad de conocer el tamaño de la tragedia. Lo que nos queda es desmenuzar, clasificar y contabilizar estos datos para caractetizar los elementos de los ataques contra periodistas. Así, armando este rompecabezas, podemos empezar a contar la historia que se intenta ocultar.


Los números absolutos

Las mediciones más sencillas son las más directas —los números absolutos—: 88 periodistas han sido asesinados de 2000 a la fecha (de los cuales 82 eran hombres y seis mujeres); 18 han desaparecido (15 hombres y tres mujeres) y 55 instalaciones de medios han sido blanco de ataques violentos.

El siguiente paso lógico sería conocer la proporción de hombres y de mujeres periodistas atacados de acuerdo con el total de periodistas presentes en el país, por estado y año. Sin embargo, este cálculo no se puede realizar porque no existe un registro del número total de periodistas en México. Incluso si se usaran censos de empresas de medios, este dato no bastaría porque no registra a los periodistas que trabajan como freelancers ni a los bloggeros. Ante esta falta de información, no podemos saber la proporción de periodistas violentados, solo los números absolutos.


¿Qué tipo de información era cubierta?

El tipo de información que cubrían los periodistas atacados es otra manera de empezar a entender esta violencia. Si sabemos qué temas se tratan de silenciar, podemos imaginar por qué los mataron o desaparecieron y a quién afectaba la información de ser publicada.

Asimismo, se puede ver de qué tipo de información se está privando a la sociedad. En regiones con altos niveles de violencia, por ejemplo, la información que producen los periodistas puede ayudar a las personas para planear rutas seguras y así evitar tiroteos o bloqueos. Esta era una de las principales actividades de María del Rosario Fuentes, la periodista de redes sociales que reportaba sobre la violencia en las calles de Tamaulipas a través de las cuentas de Valor X Tamaulipas.


La geografía del silencio

Las agresiones contra periodistas también se pueden cuantificar por su distribución geográfica. No en todos los estados hay violencia contra periodistas, y en los que la hay no es la misma siempre. De 2000 a la fecha los crímenes contra periodistas por estado son los siguientes:

Como se puede ver en la parte inferior de la tabla, en Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, Chiapas, Colima, Hidalgo, Morelos, Querétaro y Tlaxcala no ha sucedido ningún asesinato o desaparición de periodistas ni ataques a las instalaciones de medios en los últimos 15 años. Lamentablemente la falta de crímenes contra periodistas no se traduce en un ejercicio periodístico pleno y libre; puede ser, por el contrario, un indicativo de autocensura o de falta de reportajes relevantes.

Como se puede ver también en la lista de incidentes violentos, el tipo de crimen contra periodistas también varía según la región. Los cinco estados con más periodistas asesinados son: Veracruz (18), Tamulipas (12), Chihuahua (10), Guerrero (8) y Oaxaca (8). Las cuatro entidades con más periodistas desaparecidos son: Veracruz (4), Michoacán (4), Guerrero (2) y Nuevo León (2). Finalmente, los cinco lugares con más ataques a medios de comunicación son: Tamaulipas (10), Coahuila (10), Nuevo León (9), Sinaloa (5) y Quintana Roo (5).

Más aún, el tipo de crimen varía según el estado. En algunas entidades hay más asesinatos que cualquier otro crimen (Veracruz, por ejemplo) mientras que en otros predominan los ataques a medios (Nuevo León) o las desapariciones (Michoacán).

Asesinatos de periodistas por estado (2000-2015)
Fuente: Artículo 19
Desapariciones de periodistas por estado (2000-2015)

Fuente: Artículo 19
Ataques a medios por estado (2000-2015)

Fuente: Artículo 19

La localización de los crímenes contra periodistas se puede hacer también a nivel municipal, dependiendo del grado de detalle que se busque.


Los ataques contra medios a través del tiempo

El siguiente paso es entender cómo cambian los ataques a los periodistas a lo largo del tiempo. Cada tipo de crimen se comporta de manera distinta a través de los años. Mientras que los ataques a medios tuvieron un auge de 2010 a 2013, las desapariciones se han mantenido más o menos constantes desde 2003.

En cuanto a los asesinatos, los peores años han sido 2006 y 2008, seguidos de cerca por 2009, 2010 y 2011. Sin embargo, no ha habido una disminución significativa desde 2003. En el caso de 2015, a pesar de que el número de asesinatos y ataques a medios ha repuntado, sigue habiendo posibilidad de que las cifras crezcan en los meses que restan del año.

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Fuente: Ibarra Chaoul, Alejandra, La estrategia de comunicación criminal y el uso de redes sociales como explicación a la violencia contra periodistas en México, tesis, 2014.

Por los años y las regiones en que se observan los crímenes contra periodistas, parecería que existe una relación con la violencia del crimen organizado. Si bien estos patrones no son suficientes para determinar que el narcotráfico es la causa de la violencia contra periodistas (o no la única), sí pueden ser un factor de influencia.


¿Balas perdidas o relaciones públicas?

Los ataques a periodistas pueden ser, efectivamente, el resultado de la violencia del narcotráfico. Sin embargo, aun si esto es cierto, el narcotráfico no es un ente homogéneo que se comporta de la misma manera en todos los años ni en todas las regiones.
No es lo mismo una región dominada por cárteles establecidos y longevos que una dominada por cárteles de nueva creación, sin experiencia. Tampoco se comportan igual el cártel de los Beltrán Leyva y el de los Zetas, o una región disputada por varios grupos criminales. La información en estos escenarios puede servir para dar a la población y a los contrincantes la reputación que se busca difundir. En este sentido, los criminales buscan controlar a los periodistas, y con ellos la información divulgada, a manera de estrategia de relaciones públicas.

Son conocidas las anécdotas de periodistas citados por cárteles para indicarles qué información no se puede publicar. Por ejemplo, no se debe mencionar que el cártel “huye” de los enfrentamientos, o que el líder ha sido capturado.
Así, es posible examinar también la violencia contra la prensa atendiendo a los cárteles que hayan estado presentes en los municipios donde ocurrieron los ataques, como se puede observar en la siguiente gráfica:

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Fuente: Ibarra Chaoul, Alejandra, La estrategia de comunicación criminal y el uso de redes sociales como explicación a la violencia contra periodistas en México, tesis, 2014.

Según este conteo, es mucho más peligroso ser un periodista en regiones con presencia del Cártel del Golfo, del Cártel de Sinaloa o de los Zetas que de cualquier otra organización criminal.

Por otro lado, se puede analizar la relación entre los crímenes contra periodistas y los homicidios generales. Puede ser que los periodistas asesinados sean víctimas de la violencia relacionada al crimen organizado. En ese sentido se puede medir la tendencia de los crímenes contra periodistas en el tiempo y compararla con la tendencia de los homicidios registrados por el INEGI para el mismo periodo.

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Fuente: Artículo 19 y base de defunciones por homicidios del INEGI.

A pesar de que sí tienen una tendencia similar, los crímenes contra periodistas muestran dos picos claros que no necesariamente corresponden a los homicidios generales, sobre todo el pico de 2006. Podemos profundizar más y analizar la tendencia de cada uno de los crímenes contra periodistas versus la tendencia de los homicidios.

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Fuente: Artículo 19 y base de Defunciones por homicidios de INEGI

Los ataques a medios parecieran tener una relación más cercana al movimiento que tuvieron los homicidios durante ese periodo. Lo cual corresponde también a la geografía de los ataques de medios (Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila) y al tipo de cártel presente en los ataques a periodistas (Cártel del Golfo, Zetas).


La indefensión tiene tamaño

Se puede contabilizar también qué medios son más vulnerables. Esta clasificación corresponde al alcance del medio: si este es local o nacional. La idea detrás de esta medición es que los medios locales hacen investigaciones más a fondo o de carácter más delicado que las que hacen los medios nacionales.

La clasificación entre nacional o local es la siguiente: un medio que pertenece a las grandes empresas, como la Organización Editorial Mexicana (OEM) o el Grupo Reforma, o un periodista empleado en Televisa corresponden a medios nacionales. También se consideran como nacionales los medios que tienen considerable capacidad de distribución, a pesar de ser más pequeños, como Contralínea o Proceso. Los medios locales, por el contrario, son aquellos que tienen un alcance exclusivamente regional, como La Verdad de Atizapán, en Atizapán de Zaragoza, Estado de México, o Radio Copala, en San Juan Copala, Oaxaca. Como se puede ver a continuación, la mayoría de los crímenes contra periodistas suceden contra medios locales.

La proporción de ataques a las instalaciones de medios de comunicación está más equilibrada entre medios nacionales y locales, ya que muchos de estos ataques han sido contra Televisa en diferentes ciudades de Tamaulipas y contra los periódicos Mural o El Norte, del grupo Reforma.

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Fuente: Recopilación de la autora.

Incluso se puede cuantificar el tipo de medio atacado según su alcance y su variación en el tiempo. En las siguientes gráficas se ve el número de crímenes de cada tipo de medio año por año. La suma de los dos puntos para cada año da el total de crímenes (tanto los de medios locales como los de medios nacionales).

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Fuente: Ibarra Chaoul, Alejandra, “La estrategia de comunicación criminal y el uso de redes sociales como explicación a la violencia contra periodistas en México”, tesis, 2014.

El tipo de crimen que hace que aumente la cantidad de violencia en medios nacionales son los ataques a instalaciones de medios, como se puede ver a continuación:

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Fuente: Ibarra Chaoul, Alejandra, La estrategia de comunicación criminal y el uso de redes sociales como explicación a la violencia contra periodistas en México, tesis, 2014.

Para el mismo periodo, los asesinatos y desapariciones se mantienen más altos en los medios locales a lo largo del tiempo. En el caso específico de las desapariciones, estas suceden en medios exclusivamente locales de 2008 a 2014, cuando vuelve a desaparecer un periodista empleado en un medio nacional.

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Fuente: Ibarra Chaoul, Alejandra, La estrategia de comunicación criminal y el uso de redes sociales como explicación a la violencia contra periodistas en México, tesis, 2014.
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Fuente: Ibarra Chaoul, Alejandra, La estrategia de comunicación criminal y el uso de redes sociales como explicación a la violencia contra periodistas en México, tesis, 2014.

Una mejor democracia

Los ataques contra periodistas tienen como principal propósito el control de la información que los reporteros han investigado y pretenden divulgar, es decir, el silencio y la censura. Cuando se mata, amedrenta o desaparece a un periodista, el efecto que se produce es cerrar una ventana de información a la que de otra forma hubiera tenido acceso la población.
Otra consecuencia de ese silencio es que los ciudadanos tienen menos elementos para tomar decisiones. En la medida en que los ciudadanos carecen de la información necesaria para exigir la rendición de cuentas de un gobierno o para decidir cambiar de gobernante, el ejercicio democrático se va debilitando. El efecto último de la violencia contra periodistas es la indefensión de la población ante un gobierno aparentemente democrático.

Ante la debilidad de la democracia lo que prolifera son los gobiernos abusivos, autocráticos o simplemente ineficaces. La importancia de los crímenes contra periodistas trasciende la injusticia, el dolor y la tragedia del crimen per se. Con la muerte o la desaparición de un periodista mueren las herramientas que permiten el fortalecimiento ciudadano y el actuar democrático. Mueren las posibilidades de ejercer la ciudadanía. En un país como México, cuya democracia es precaria, se necesita una población activa e involucrada. Hoy somos impávidos testigos de la violencia.

El derecho a la libertad de expresión es multidimensional y colectivo. Es multidimensional porque no solo se trata del derecho a decir o pensar cualquier cosa sino también de acceder a la información que deseamos. La prensa sigue siendo la herramienta a través de la cual millones de personas obtienen información; de allí su función social clave en la configuración de una comunidad democrática. Es colectivo porque lo que decimos y escribimos no se limita a la esfera individual sino que genera consecuencias concretas en el resto de la sociedad y permite establecer redes, asociaciones, y da pie a la acción política.

El ejercicio libre y seguro del periodismo es un derecho colectivo y compartido, mediante el cual podemos acceder a una serie de derechos que, de no ser por la prensa, seguirían siendo inaccesibles. En última instancia, la medición de los crímenes contra periodistas sirve para entender este tipo de violencia, prevenirla, y permitir que la prensa siga aportando la información necesaria para construir una democracia más sólida, una ciudadanía más involucrada y, como consecuencia, un mejoramiento de nuestras condiciones de vida.


Referencias

• Wantchekon, Leonard, and Etienne Yehoue. “Crime in New Democracies.” Preliminary draft, November 8, 2002, 1-24.
• Grillo, Ioan. El Narco: Inside Mexico’s Criminal Insurgency. N.p.: Bloomsbury Publishing, 2011.
• Guillermoprieto, Alma. “Risking Life for the Truth.” New York Review of Books, 22 de noviembre de 2012.
• Merino, José y Zarkin, Jessica. “¿Por qué asesinan periodistas en México?”, Informe Especial Artículo 19. 2014
• Lauría, Carlos y O’Connor Mike. “A Nation in Crisis, Silence or Death in Mexico’s Press, Committee to Protect Journalists”, 8 de septiembre de 2010. Disponible aquí.
• Ibarra Chaoul, Alejandra. “La estrategia de comunicación criminal y el uso de redes sociales como explicación a la violencia contra periodistas en México”, tesis, 2014.
• Woldenberg, José. La transición democrática en México. El Colegio de México. México. 2012.
• Sen, Amartya. Poverty and Famines. New York: Oxford University Press. 1981.
• Illades, Esteban. La noche más triste. Grijalbo. México. 2015.
• Hope, Alejandro. “Why do Mexican journalists keep getting killed?”, El Daily Post. 2015.


(Foto cortesía de Eneas De Troya.)

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