Más sobre la clase media: contrarréplica a Roger Bartra

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Había decidido no continuar el debate con Roger Bartra sobre el tamaño de la clase media en México. Consideraba que ya había vertido mis argumentos de manera suficiente y que las diferencias de opinión eran claras, por lo que mi intención era simplemente dejar que fueran los lectores los que valoraran los argumentos de una y otra posición. Algunos comentarios recibidos recientemente, sin embargo, me han hecho reconsiderar mi decisión original. Ahora creo necesario aclarar y precisar algunas otras diferencias con respecto a lo que ha escrito Roger Bartra sobre el tema. A eso dedicaré esta última réplica.


Sobre el debate original

El debate original aludía al tamaño de la clase media en México. A partir de trabajos de Macario Schettino, Jorge Castañeda, Luis de la Calle y Luis Rubio, Roger Bartra escribió un artículo en el diario Reforma en el que afirmaba que, al menos desde 2002, México ya podía considerarse como un país de clases medias y que en la actualidad era posible que hasta dos terceras partes de los hogares mexicanos pudieran ser considerados como pertenecientes a dicho gupo. En una réplica inicial cuestioné estas cifras y afirmé que ningún estudio relativamente serio (y cité los resultados de tres de estos trabajos) permitía concluir que la clase media mexicana fuera superior al 40% de la población.

A este artículo Bartra respondió con un segundo artículo en el diario Reforma en el que combinó las cifras recientemente dadas a conocer por el CONEVAL con una definición muy particular de clase media (en la que define a esta como la poblacion que no es ni pobre ni rica). Dicha combinación, aunque matizaba notablemente sus estimaciones originales, le permitía a Bartra seguir concluyendo que la mayoría de la población mexicana ya forma parte de la clase media. A este argumento contesté brevemente en mi columna de El Universal con una explicación sencilla y elemental de las propias definiciones del CONEVAL que ponían en tela de juicio la interpretación que hacía Bartra de dichos resultados.

Esta explicación fue rápidamente descalificada por Bartra en una respuesta más extensa publicada en Horizontal, ya que la consideró como una interpretación “forzada” de las cifras del CONEVAL (Bartra ni siquiera entendió que no se trataba de una interpretación sino de una explicación de los conceptos utilizados por el CONEVAL, la cual iba acompañada de una crítica a la metodología de la medición multidimensional de la pobreza de CONEVAL que he planteado desde hace ya varios años). Posteriormente Bartra añadió que, en todo caso, las cifras de la Encuesta Nacional del Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) de México subestimaban los ingresos de la población y que, por lo tanto, sobreestimaban la pobreza en el país. De ahí que Bartra prefiriera usar las cifras corregidas de pobreza que publica la CEPAL, lo que le permite concluir que la pobreza en México es menor de lo que afirma el CONEVAL. De aquí se infiere, usando una vez más su propia definición, que la clase media mexicana es mayor de lo que se obtendría si usáramos las cifras oficiales del CONEVAL. Hasta aquí el resumen de la discusión. Pasemos ahora a revisar algunos temas centrales de este debate.


Sobre la definición de Bartra de clase media

Bartra y otros (Luis de la Calle y Jorge Castañeda, por ejemplo) definen a la clase media como aquella parte de la población que no es ni pobre ni rica. Según Bartra, esta es “la fórmula más aceptada”. No sé a qué se refiera con eso. Si bien es cierto que esa es la definición que utilizó Aristóteles en su Política, también lo es que estos conceptos han evolucionado mucho desde entonces (a los lectores quizá les suenen los nombres de Marx y Weber, por ejemplo). La definición que utiliza Bartra mezcla conceptos que, en su concepción moderna, aluden a cosas completamente diferentes. Mientras que la pobreza se refiere a la incapacidad de alcanzar un nivel de ingreso, consumo o bienestar mínimo, el concepto de clase media mezcla aspectos económicos, de estatus y de poder, pero sobre todo de estabilidad y seguridad económica (otras vertientes de la literatura incluyen aspectos educativos u ocupacionales).[1] Esto implica que el salir de la pobreza no se traduce necesariamente en el paso inmediato a la clase media. El que alguien logre traspasar el umbral de pobreza podría ser una situación transitoria, sobre todo si esto no va acompañado de una cierta estabilidad o seguridad económica (Ferreira et al., 2013).

Lo anterior implica que para que una familia o persona sea considerado de clase media es necesario que sus ingresos sean relativamente estables, que cuente con mecanismos de protección (ahorros u otras fuentes de ingresos) que le permitan enfrentar situaciones temporales adversas, que su probabilidad de regresar a una situación de pobreza sea nula o muy baja, que cuente con activos económicos o financieros que le permitan sortear un choque negativo externo o la incertidumbre asociada a factores económicos o de salud, etc. De aquí se puede concluir que una persona pobre evidentemente no pertenece a la clase media, pero que una persona no pobre no necesariamente pertenece a la clase media. Esta conclusión contrasta con la definición de Bartra, ya superada, que supone que una población se divide únicamente en pobres, ricos y en una clase media. La concepción moderna, por tanto, considera que en lo que se suele denominar clase baja se incluye no solo a los pobres, sino también a todos aquellos que, habiendo superado el umbral de la pobreza, aún no logran alcanzar una serie de condiciones que les garanticen estabilidad y seguridad económica suficientes. A este grupo social se le conoce en buena parte de la literatura actual como “población vulnerable”.


Sobre el tamaño de la clase media en México y otros países

Ahora describiré brevemente los resultados de dos trabajos publicados recientemente por organismos multilaterales que estiman la distribución de la población de los países de América Latina en distintos grupos o clases sociales. El hecho de que estos estudios estén avalados por organismos como el PNUD y el BID, tan distantes de la izquierda populista que tanto le preocupa a Roger Bartra, quizá elimine la sospecha de que en ellos se pretende minimizar el tamaño de la clase media mexicana por razones políticas. Estos estudios tienen algo en común: ninguno de ellos acepta o utiliza la definición de clase media de Roger Bartra; de hecho, en ambos se reconoce que hay un segmento de la población que ya no es pobre pero que aún no puede ser considerado como clase media, a este grupo de la población los dos estudios se refieren como población o clase vulnerable.

El primer estudio es del PNUD (2014). En dicho trabajo se estima la distribución de la población de 18 países latinoamericanos en diversos grupos o estratos sociales alrededor de dos distintos puntos en el tiempo, 2000 y 2012. Los grupos sociales considerados son pobres (población con ingresos inferiores a $4 dólares diarios), población vulnerable (población con ingresos superiores a $4 dólares diarios pero inferiores a $10), clase media (población con ingresos de entre $10 y $50 dólares diarios) y un residual (población con ingresos superiores a $50 dólares diarios). Todas las cifras son ajustadas por la paridad del poder de compra y los resultados obtenidos se muestran en la siguiente gráfica.

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Los resultados muestran un ligero avance de la clase media en México entre 2000 y 2012, la cual pasó de 22.5% de la población a 26.4%, es decir, un avance de cerca de 4 puntos porcentuales. Este avance fue acompañado de una reducción de la pobreza y de un aumento de la población vulnerable. En su conjunto, la población pobre y vulnerable disminuyó de 75.6% a 72.2%, por lo que el aumento de la clase media habría sido en mayor parte el resultado de personas que abandonaron la condición de pobre o vulnerable (3.4%), pero también de personas que habrían pasado del grupo social más alto al segmento de clase media (0.5%).

La gráfica también muestra que hay países de América Latina en donde la clase media ya se encuentra relativamente bien establecida y en donde incluso llega a superar al 50% de la población (como en Uruguay y Argentina), o bien a ser el grupo social más grande en términos relativos, como en Chile (44%), Costa Rica (40%) y Panamá (38.9%). En la mayoría del resto de los países, incluyendo a México, el grupo social que predomina es el de la población vulnerable; la excepción a esto son varios países centroamericanos en los que el grupo mayoritario es el de la población pobre (El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua). Aparte de estos países en donde predominan los pobres, los únicos otros países que tienen una clase media más pequeña que México son Paraguay (25.5%), Rep. Dominicana (23.2%) y Venezuela (23.1%). De hecho, entre 2000 y 2012 varios países rebasaron a México en cuanto a la importancia de su población de clase media. Tal fue el caso de Brasil, Perú, Bolivia, Colombia y Ecuador.

El segundo estudio fue publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y los autores son Stampini et al. (2015). Este trabajo divide a la población en cinco grupos sociales (pobres extremos, pobres moderados, clase vulnerable, clase media e ingresos altos) y muestra estimaciones para 18 países de América Latina para los años 2000 y 2013. Los umbrales para clasificar a la población son similares a los anteriormente descritos, con la excepción de que ahora se divide a los pobres en pobres extremos (con ingresos inferiores a $2.5 dólares diarios) y en pobres moderados (población que gana entre $2.5 y $4 dólares diarios). Los resultados obtenidos se muestran en el siguiente cuadro.

El cuadro muestra resultados relativamente similares a los del trabajo anterior. En particular, el tamaño de la clase media en México fue de 23% (comparado contra 26.4% del estudio de PNUD), mientras que el grueso de la población mexicana se divide entre la población pobre (37.5%) y la población vulnerable (37.8%). A su vez, la población pobre se divide casi a la mitad entre la población en pobreza extrema (19.9%) y la población en pobreza moderada (17.6%).

De acuerdo con estos cálculos, el tamaño de la clase media de México (23%) solo sería superior al observado en República Dominicana (17.2%), El Salvador (15.4%), Nicaragua (9.3%), Honduras (8.5%) y Guatemala (7.3%), es decir, en 5 de los 7 países identificados por el estudio de PNUD; mientras que 12 países de la región tendrían una clase media superior a la observada en México. En contraste con el estudio de PNUD, tanto Venezuela (29.1%) como Paraguay (30.1%) tendrían una clase media superior a la de México. En cualquier caso, tanto en este estudio como en el de PNUD queda claro que el tamaño de la clase media en México está lejos del que tienen algunos países latinoamericanos que ya cuentan con una clase media más sólida y extendida, como son Uruguay (54.5%), Argentina (52.5%), Chile (45.7%) y Costa Rica (39.2%) y, en menor medida, Brasil (36.9%) y Panamá (34.7%).

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El resultado más significativo de este estudio, sin embargo, es uno que demuestra la importancia de la condición de vulnerabilidad para diferenciar a los que pertenecen a la clase media de los que no. Según este estudio, el 65% de los individuos identificados como vulnerables en 2003 cayeron al menos durante un año en situación de pobreza en la década siguiente. Esto contrasta notablemente con el resultado equivalente para aquellos que pertenecían a la clase media y que solo fue del 14%.

En resumen, estos dos estudios revelan la importancia de no confundir clases medias con no pobres y de ofrecer una estimación del tamaño de la clase media mexicana en un marco comparativo con otros países latinoamericanos.[2] La conclusión del artículo original se mantiene: de acuerdo a estos estudios, al igual que en los otros tres estudios mencionados en la réplica inicial, no es posible concluir que la clase media mexicana sea superior al 40% de la población. De hecho, en estos dos casos la clase media mexicana resulta cercana a apenas un cuarto de la población. Un porcentaje muy lejano del que supone Bartra tanto en su artículo original como en su réplica. De igual manera estos estudios revelan que la clase media mexicana es una de las más pequeñas de los países latinoamericanos de ingresos medios.


Sobre la motivación para discutir el tamaño de la clase media

Una diferencia fundamental en este debate consiste en la motivación que cada quien tiene para discutir sobre el tamaño de la clase media. Mi preocupación, como creo haberlo dejado claro en todos mis escritos al respecto, es de carácter social y económico. Es decir, en la medida en la que se sobreestime el tamaño de la clase media, se puede subestimar la importancia de la pobreza y de la vulnerabilidad en la que viven millones de mexicanos, con la subsecuente subestimación de la relevancia de las políticas económicas y sociales dirigidas a combatir y tratar de reducir estas situaciones. Plantear entonces que México es un país de clases medias no solo es equívoco, como ya vimos, sino que conduce casi inevitablemente a un discurso que, en mi opinión, es excesiva e injustificadamente optimista. Esto lleva de manera casi natural a sugerir que las cosas marchan por buen camino y que el proceso de goteo del crecimiento económico (el famoso trickle down) está funcionando y que todo es cuestión de tiempo para resolver la pobreza.

Esta visión optimista, pues, tiende a echar bajo la alfombra la magnitud y profundidad de la pobreza en México. Si la gente ya tiene su teléfono celular, parecen decir, para qué preocuparnos por si tienen o no seguridad económica y social, para qué preocuparnos de si tienen o no acceso a servicios de salud o educativos de calidad, para qué preocuparnos de las condiciones de su vivienda. En algunos casos este discurso incluso ha servido para sugerir que hay dos Méxicos: uno de pobres, subdesarrollado y rezagado que afecta y limita el crecimiento del otro México, el pujante, exportador, desarrollado y de clases medias. Así, los pobres han llegado incluso a no ser vistos como víctimas de un modelo económico que los excluye del proceso de desarrollo, sino que para algunos incluso pasan a ser percibidos como un lastre de este mismo proceso. Es desde esta perspectiva que considero la discusión sobre el tamaño de la clase media mexicana como algo banal o aspiracional. No solo eso, sino que esta discusión puede conducir fácilmente a interpretaciones sobresimplificadoras e incluso peligrosas, que tiendan a minimizar la importancia del combate a la pobreza en el país.

Ahora bien, plantear que la clase media es menor de lo que algunos otros suponen no implica que uno quiera que se mantenga ese estado de cosas. No implica tampoco que uno quiera o desee un país donde predominen los pobres. Es absurda y ridícula la idea planteada por Bartra en el sentido de que “Aparentemente, es de izquierda afirmar que los sectores pobres son mayoritarios”. No creo que nadie piense eso. Por el contrario, el objetivo es reconocer la verdadera extensión de la pobreza (y no subestimarla) precisamente para poder hacer algo al respecto. Es decir, para poder dedicar suficientes recursos y esfuerzos a combatirla, para poder evaluar las políticas económicas y sociales que pueden contribuir a su disminución o revisar las que actualmente contribuyen a su persistencia. En el fondo, lo que se plantea es la ingente necesidad de impulsar políticas que contribuyan a la reducción o erradicación de la pobreza.

Y no se crea que una cosa (el combate a la pobreza) está desligada de la otra (el aumento de la clase media). El cuadro 2 del trabajo de Stampini, et al.  (2015) muestra precisamente cómo es que los países de América Latina que han transitado a ser mayoritariamente de clase media, son precisamente aquellos que entre 2000 y 2013 redujeron en forma más significativa la pobreza. Esto, sin embargo, parece ser una condición necesaria pero no suficiente. México, desafortunadamente, se encuentra entre los países latinoamericanos que menos han avanzado en el combate a la pobreza. En ese sentido no sorprende que México no sea aún un país de clases medias.

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Por otro lado, la motivación de Roger Bartra para discutir el tamaño de la clase media mexicana es más bien de carácter político y sociocultural: “para entender los procesos políticos y socioculturales del México de hoy es necesario apreciar la importancia de la clase media”, cosa con la que uno difícilmente podría estar en desacuerdo. Sin embargo, una cosa es estar de acuerdo con esa frase y otra es estar de acuerdo con la interpretación que hace Bartra de la relación entre clases medias y los procesos políticos y socioculturales.

Según Bartra, “México es ya un país en el que las esperanzas y los temores de la clase media dominan el escenario de la cultura política”. De aquí, repentinamente, Bartra pasa a convertirse en el intérprete y oráculo de dichas esperanzas y temores. Nos dice, por ejemplo, que López Obrador fue muy agresivo con las clases medias en 2006 y que eso explica su derrota de entonces. Dice que algunas izquierdas (las populistas, se entiende) cierran los ojos ante el crecimiento de las clases medias y reafirman “posiciones radicales que supuestamente reflejan los intereses de las clases pobres y explotadas”. En algún momento Bartra entra de plano en el papel de mercadólogo electoral y se atreve a hacer afirmaciones sumarias: “Si la izquierda rechaza la reforma educativa y desprecia los problemas de seguridad, dos temas muy importantes para la clase media, quedará estancada”. Nos dice, también, que el PAN “avanzó impetuosamente” en el espacio de las clases medias y que “el paulatino descenso del apoyo al PRI ocurre debido a que su base de sustento tradicional —los pobres de las zonas rurales, principalmente— se ha ido reduciendo”.

No sé en dónde ha estado Roger Bartra todos estos años, pero quizá alguien debería informarle que Morena (el partido que encabeza López Obrador) ganó recientemente las elecciones en el Distrito Federal, la entidad mexicana de clase media por antonomasia. También quizá debería saber que el PAN, ese partido que “avanzó impetuosamente” en el espacio de las clases medias, que apoya de manera irrestricta la reforma educativa y que enfatizó las políticas de seguridad durante su administración (dos aspectos muy cercanos para la clase media en expansión, según Bartra), quedó en tercer lugar en las elecciones presidenciales de 2012, y que el PRI, a pesar del “paulatino descenso” de su base de apoyo tradicional, ganó la Presidencia en 2012 y refrendó su triunfo en las elecciones intermedias de 2015.

Las cosas, como se pueden ver, son mucho más complejas de lo que afirma Bartra. No se puede tratar a la clase media como un ente monolítico que reacciona de igual manera ante determinadas actitudes, propuestas o circunstancias políticas. Al tratar de convertirse en el intérprete de las esperanzas y los temores de la clase media mexicana, Bartra incluso se contradice. Al final de su artículo en Horizontal Bartra reconoce que “Las clases medias son un espacio social muy complejo, lleno de contradicciones, muy resbaloso e inestable” y que en algunos países han inclusive “apoyado golpes militares o alternativas de extrema izquierda”. En efecto, así ha sido. Precisamente por lo mismo, no hay razón alguna entonces para interpretar la percepción política de la clase media mexicana de una manera unidireccional (más conservadora), como de alguna manera pretende hacerlo Roger Bartra.


Definición de clase media: la salida cultural

En su artículo del diario Reforma, así como en su respuesta más extensa en Horizontal, Roger Bartra intenta zafarse del tema de las cifras y coquetea con la salida cultural para la definición de la clase media —“La definición de la clase media es un problema fundamentalmente político y sociocultural que no debemos eludir”—, al tiempo que nos recuerda que la expansión de los modos de vida clasemedieros “rebasan sus fronteras estadísticas”. Y en algún sentido es comprensible que Bartra pretenda eludir el tema de las cifras y las estadísticas. Cada vez que Bartra intentó utilizar una cifra, terminó cambiándola o renegando de sus propias fuentes. Así, por ejemplo, mientras que en su artículo original Bartra aseveraba que “Se ha calculado que ya en 2002 la clase media mexicana agrupaba a más de la mitad de los hogares. Esta proporción es posible que se esté acercando a las dos terceras partes de la población”, en su siguiente artículo en el diario Reforma afirmó, con base en las cifras del CONEVAL, que “la conclusión es que en 2014 las clases medias formaban poco más de la mitad de la población.” Así, de un plumazo y en menos de una quincena, Bartra se retractó de sus cálculos originales y sacó de sus cuentas alegres de la clase media mexicana a alrededor de una  sexta parte de la población, es decir, a alrededor de 20 millones de personas.

A los pocos días de escribir lo anterior Bartra concluyó, a partir de la lectura de un artículo de Luis de la Calle, que las cifras del CONEVAL en realidad sobreestimaban la pobreza en México y que las cifras correctas son las cifras ajustadas que publica la CEPAL. Supongo que Bartra no se ha enterado aún que los ajustes que realiza la CEPAL de las cifras nacionales son bastante rudimentarios, que están basados en supuestos poco creíbles (que los ingresos están subestimados en la misma proporción a lo largo de toda la distribución) y que actualmente su metodología está en proceso de revisión. No tiene por qué saberlo, aunque si Bartra les va a conferir a estas cifras una cierta aura de precisión sería deseable que estuviera enterado al menos de su solidez y de la metodología utilizada para calcularlas. En cualquier caso, aún si las cifras no cuadran dentro de su argumentación, la salida (¿escape?) sociocultural para definir a la clase media siempre es una alternativa. A falta de tener un criterio sólido, mensurable y consistente para definir a un estrato social, siempre habrá quienes prefieran optar por esa vía.

Así es que Bartra puede inventar sus propias definiciones de clase media, puede usar sus cifras como mercadólogo electoral aficionado si así lo desea, y puede también intentar escapar del debate por la vía sociocultural. Bartra incluso puede intentar descalificar a sus críticos con referencias ad hominem y sin mostrar nada que las respalde. Puede hacer eso y más. Está en su derecho de hacerlo. Pero también los lectores tienen el derecho de creerle o no, de cuestionar sus cifras, sus interpretaciones y sus métodos para obtenerlas. Paradójicamente, el discurso e interpretación que hace Bartra de la clase media termina pareciéndose mucho al grupo social que él describe: “lleno de contradicciones, muy resbaloso e inestable”.


Referencias

Ferreira, F. H. G.; J. Messina, J. Rigolini, L.F. López Calva, Ma. A. Lugo y R. Vakis (2013); La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina, Washington, DC: Banco Mundial.

Penfold, Michael y Guillermo Rodríguez Guzmán (2014); La creciente pero vulnerable clase media de América Latina. Patrones de expansión, valores y preferencias. Serie Políticas Públicas y Transformación Productiva no. 17, Corporación Andina de Fomento, CAF.

PNUD (2014); Perfil de estratos sociales en América Latina: pobres, vulnerables y clases medias. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Dirección Regional para América Latina y el Caribe.

Stampini, Marco, Marcos Robles, Mayra Sáenz, Pablo Ibarrarán y Nadin Medellìn (2015); “Pobreza, Vulnerabilidad y la Clase Media en América Latina.” Documento de Trabajo del BID no. 591, mayo.


Notas

[1] Existen, por supuesto, otras definiciones y conceptos de clase media. Thomas Piketty, por ejemplo, llama clase media al grupo de la población que se encuentra entre el 50% más pobre y el 10% más rico. Esta definición refleja un concepto basado en términos relativos y no absolutos. Por construcción, la clase media nunca es mayoritaria.

[2] Un tercer estudio publicado por la Corporación Andina de Fomento (CAF) y realizado por Penfold y Rodríguez (2014) llega a conclusiones similares. Este estudio, a diferencia de los otros, desglosa a la clase media en media baja y media alta y presenta estimaciones para principios de los años noventa y finales de la primera década del siglo XXI. Para este último caso, el estudio calcula que la clase media baja mexicana es de 19.4%, mientras que la clase media alta es de 7.6%. Esto implica que la clase media mexicana equivaldría al 27% de la población total.


(Foto cortesía de Eneas De Troya.)

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