Las metamorfosis de AMLO: piñata, caricatura, máscara, estatua, presidente

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La victoria de Andrés Manuel López Obrador no dejó lugar a dudas: los ciudadanos votaron a palos y sus rivales quedaron sin cabeza. También se llevó la contienda su rostro congelado en una sonrisa de látex, eclipsando en ventas a todos sus contrincantes. Tras su triunfo electoral fue cargado por varios hombres, pese a sus cuatrocientos kilos, y hoy se yergue entre Pancho Villa y Emiliano Zapata. La escena de su última metamorfosis se desarrolla hoy en el palacio legislativo de San Lázaro: su toma de protesta como presidente de México.

Antes ha sido sometido al escrutinio de los golpes: “En mi negocio saqué todas las piñatas de los candidatos para que la gente decidiera”, cuenta Dalton Ávalos Ramírez desde la Piñatería Ramírez en Reynosa, Tamaulipas.

También producto de moda: “En las ventas de máscaras de candidatos casi se comportó igual que en las elecciones, se vendieron cerca de siete mil piezas de AMLO, y los demás candidatos si acaso llegaron a la mil”, dice Raúl Juárez, jefe de desarrollo de productos de la empresa de máscaras Grupo Rev, en Jiutepec, Morelos.

Y se le erigió una estatua: “El motivo de ese monumento es que a la hora en que [AMLO] es electo ahí complemento mis tres héroes: Villa, Zapata y ahora el presidente López Obrador”, explica Rutilio Vargas Alvarado sobre la obra que mandó esculpir para su colección en su rancho de Santa Rosa Jáuregui, en Querétaro.

Estas son algunas de las efigies que representan 12 años de camino para convertirse en presidente. Una de las primeras en darse a conocer en todo el país se remonta a 2005, con una caricatura que invitaba a sonreír.

Cuentan que ocurrió en una reunión en casa del caricaturista Rafael Barajas Durán, “El Fisgón”, mientras se buscaba un lema que infundiera esperanza durante el proceso de desafuero que podía impedir a López Obrador participar en las presidenciales de 2006. “Sonríe vamos a ganar” fue la frase elegida. Entre los presentes, al “monero” Hernández le tomó apenas unos minutos realizar el dibujo. Mostraba a AMLO con el pulgar alzado, con dos dientes saliendo de su sonrisa: una imagen viral, aunque en aquél entonces no se llamaran así.

No hubo desafuero, sí candidatura, y el dibujo fue reproducido en estampas, en mantas gigantes que servían de trasfondo a discursos; también fue muñeco, fue pancarta, mantel, presencia obligada en los puestos afuera de los mítines. Era la época de “Por el bien de todos, primero los pobres”, también de las frases más duras del candidato que se quedarían como piedras en el zapato. De su “¡Al diablo con las instituciones!”, la respuesta a una derrota mínima, cuestionada, ante Felipe Calderón, en la cual se afilaron los argumentos en su contra que se reciclarían dos campañas más: los diversos fraseos de “una amenaza para México”, como rezaba un anuncio, el espantapájaros, la silueta del presidente venezolano Hugo Chávez. El conflicto con los grupos de poder.

En ese 2006 Rutilio Vargas ya apoyaba a AMLO. También existía la Piñatería Ramírez, pero aún no saltaba a la fama en las redes sociales. Ese mismo año, el diseñador de máscaras Jorge Arturo Esparza Texta iniciaba su carrera en Grupo Rev: su primera máscara fue un diablo, todavía no trabajaba políticos. Lo haría en las siguientes elecciones presidenciales. Fue en 2012 y AMLO se presentaba por segunda vez.

“El sexenio pasado también modelé una máscara de López Obrador, era más caricaturesca, tenía rasgos más burdos”, dice Esparza Texta. Al igual que el candidato, la máscara quedó lejos del resultado que obtendría seis años después. El rostro moldeado todavía no era el de un presidente. “Yo creo que también va muy de la mano con la evolución que el mismo candidato ha tenido a lo largo de estas elecciones. En las primeras veíamos a un Andrés Manuel muy radical, por así decirlo. Eso da pie a que pueda ser más comercial su imagen en un sentido caricaturizado”, opina Raúl Juárez.

Se hablaba de “AMLOVE” y de una “República amorosa” y de tender puentes con sectores que habían sido blanco de sus críticas. A seis años de distancia, en la confrontación el rostro del candidato sí parecía otro. “Es hora de reconciliarnos de manera sincera, de corazón, para lograr el renacimiento de México”, decía en un video. El país padecía el horror de la “guerra contra el narco” y el lema rezaba “El cambio verdadero está en tus manos”. No bastó.

En uno de los debates López Obrador atacó los vínculos políticos de Enrique Peña Nieto, el candidato del PRI. “Quienes son los que lo están impulsando, los jefes, los padrinos de usted”, dijo AMLO a Peña Nieto sacando una foto en la que este aparecía junto al expresidente Carlos Salinas de Gortari. La foto, le señalaron a AMLO, estaba de cabeza. “Es el mundo al revés”, reviró él. Era el retorno del PRI al poder.

Fue rumbo a las elecciones de 2018 que Dalton Ávalos Ramírez percibió un cambio. En su estado, Tamaulipas, AMLO había quedado como distante tercero en las dos contiendas anteriores. El norte del país había sido uno de sus principales escollos en las votaciones. Ahora el tono era otro, y el creador de piñatas decidió medirlo como él sabía hacerlo.

“Yo al principio no pensé que iba a vender muchas, hice nada más la muestra y vi que la gente reacciona y le gusta, porque muchos me estaban pidiendo la de López Obrador”, recuerda Ávalos Ramírez. “Las demás no les hicieron mucho caso, pero las de López Obrador las querían para la fiesta, para tomarse una foto con él”. En redes sociales la piñata fue un éxito, y comenzaron los encargos.

De ahí surgió la idea que llevaría a una de las encuestas más contundentes de la campaña. “Dije ‘voy a hacer algo para que la gente se pueda expresar en contra o a favor de los candidatos’, obviamente haciéndolo en torno de una piñata”. Las realizó de cada contendiente y las expuso afuera de su tienda. “Hice a los otros candidatos y la gente los atacaba más. A AMLO sí vi que lo apoyaron, era al que la gente más defendía”.

Un periódico de Reynosa retomó la idea y la llevó a sus últimas consecuencias: compraron las piñatas y las expusieron a los golpes de la opinión pública. “La gente le pegaba al que no quería. A los demás les cortaron la cabeza y López Obrador fue el que menos le dieron palos, es el que más entero se quedó”. Al tercer intento, AMLO ganaría el estado de Tamaulipas por un amplio margen.

Para las elecciones de 2018 el rostro del candidato ya era otro, y para Arturo Esparza Texta representaba un reto y una oportunidad. “La máscara de López Obrador marcó mi trabajo porque es donde se alcanza a ver esa evolución desde el 2006 hasta el 2018 en cuanto a la verosimilitud de la escultura, del detalle de la pieza”. Al que se buscaba volver a representar era ahora el puntero y amplio favorito. La percepción había cambiado, el tipo de máscara también. “Estas elecciones el candidato y ahora presidente electo se caracterizó por una postura más mesurada e incluso relajada. Quisimos plasmar esa parte”, explica Raúl Juárez.

La máscara pasó de los rasgos caricaturizados de 2012 a ser “casi un retrato”. Para Esparza Texta implicó meses de trabajo, revisando fotografías, consultando entrevistas para ver diferentes ángulos y expresiones. Sobre una base de fibra de vidrio con resina, con forma anatómica y cubierta con plastilina, empezó “a crearla, a modificarla, dándole forma y vida al personaje”. Buscó hacerlo sonriente, agradable, una máscara “sin ningún afán de burla”. El mayor reto fue plasmar el paso del tiempo de una elección a otra, “avejentarlo, darle esos años a la máscara”.

El resultado fue un éxito comercial de ventas. En las oficinas de Grupo Rev, en Jiutpec, una elevada vitrina expone sus productos más exitosos en México y en el extranjero. Las máscaras de horror son las más solicitadas. En la categoría de los personajes reales compiten “clásicos” como la máscara del expresidente Carlos Salinas y productos “que siguen estando vigentes” como el expresidente Vicente Fox. Entre las figuras de personas reales, “AMLO se colocó rápidamente en este año entre las más vendidas,” dice Raúl Juárez. Incluso se erige tercero, sólo por detrás de los dos rostros más buscados de la época: “En ventas globales, si lo proyectamos sobre años, podría haber un empate entre Trump y El Chapo, y AMLO tras de ellos”.

Son varios miles de máscaras del candidato y luego presidente electo las que se han vendido, y su rostro puede seguirse en todo el proceso productivo llevado a cabo en Jiutepec. AMLO surge primero de una escultura de plastilina en el área de diseño. Luego, pasa al área de moldeo donde es transformado en un “molde madrina” relleno de poliuretano, se le cubre de cantidad de capas de yeso del que saldrán las copias del original. Los nuevos moldes se meten a los hornos para sacar el agua. Ya que están secos se llenan de látex con una manguera, y el exceso de líquido es vaciado. Lo que queda dentro será la máscara de López Obrador. Se le coloca sobre conductos de aire caliente para que se seque el látex, que sigue dentro del yeso, se le pone un poco de talco y se extrae. Aparece rostro todavía sin colores pero reconocible, aún húmedo. A uno pasos de ahí hay varias secadoras industriales, y dentro de ellas giran a toda velocidad decenas de facciones del presidente electo.

“Aquí estamos secando PeGes”, bromea Verónica Ibarra, la asistente del director general de Grupo Rev, quien explica el proceso. En el lenguaje de empresa, “PeGe” significa Pedidos Generales.

Frente a la secadoras, se encuentran varias mesas metálicas, de dos niveles. Sobre ambos, se extienden a lo largo de un par de metros hileras de rostros de López Obrador, amontonados lado a lado, idénticos y siempre sonrientes. Tras ser pintados, etiquetados y llevados al almacén estarán listos para cubrir la demanda en todo el país. “Tenemos un ejercito de ‘Ya sabes quién’ listos para salir a las calles”, concluye Ibarra. Así se llama la máscara, aludiendo a lo spots de campaña que medían las deficiencias del país en el tiempo en que no salió electo AMLO y rezaban “estaríamos mejor con ‘ya sabes quién’”.

Para Rutilio Vargas Alvarado es precisamente ese tiempo transcurrido en alcanzar la victoria lo que la hace grande. “Soy admirador de López Obrador desde que empezó su lucha y para mí, cuando él ya tiene 12 años en esa lucha por la presidencia, a la hora que queda electo como presidente de la República para mí ya es un héroe”. El dueño del rancho Rutilandia y del restaurante Carnitas el Pariente en Santa Rosa Jáuregui tiene muy claro a quién le asigna esa distinción. “Francisco Villa y Emiliano Zapata lucharon con armas y sangre para lograr rescatar a México. El señor presidente lo rescatará con democracia”.

A las figuras los revolucionarios admirados Rutilio Vargas les ha erigido estatuas hechas con cantera local. También hay en su rancho tres estatuas religiosas: Cristo antes de morir, Cristo redimido y Cristo en la Gloria. Faltaba otra figura histórica para que fueran dos las trinidades en el rancho. Entonces vino la victoria electoral de AMLO. “Lo decidí cuando fue electo, a la hora en que gana digo ‘aquí está mi héroe, mi tercer héroe’”. Le hizo el encargo “a uno de los mejores escultores de Querétaro”. El resultado estuvo planeado y listo para estrenarse precisamente el 13 de noviembre, en el cumpleaños del presidente electo. “El día que cumplió 65 años, ese día tuvo su estatua”.

Rutilio Vargas dice que el monumento de 400 kilogramos fue instalado en su sitio sin ninguna ayuda mecánica. “Yo y mi gente lo subimos a puro pulso, nada de grúas y nada de eso, lo subimos con pura gente”. Fue colocado entre Villa y Zapata.

Lo único que le falta a la estatua es la banda presidencial que hoy se le colocará a López Obrador. Pero Rutilio Vargas ya planea remediarlo con su propia toma de protesta. “Este sábado se la vamos a poner, a la hora en que lo estén haciendo presidente yo voy a estar aquí colocándole la banda con mi gente, con mariachis, a caballo, en mi montaña, dándonos tacos de carnitas, barbacoa. Vamos a invitar al que quiera”.

 

 

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