La palabra de un narcotraficante

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El pasado 12 de noviembre empezó el juicio más importante en Nueva York en los últimos 20 años: el de Joaquín El Chapo Guzmán, acusado por las autoridades de ser el mayor narcotraficante del mundo. En tan solo un día se mostró que nos esperan cuatro largos meses de ataques, traiciones y conspiraciones. También de argumentos inesperados del abogado de Guzmán Lorea, supuesto líder del cártel de Sinaloa,  para demostrar que su cliente es inocente de los 17 cargos en su contra.

Nunca antes había habido una acusación tan grande contra un capo. Pablo Escobar murió antes de ser llevado ante la ley. Al Capone solo fue juzgado por lavado de dinero.  El juicio de Guzmán Loera ha sido calificado como “épico” por los expertos, quienes consideran un verdadero reto demostrar su culpabilidad.

El martes pasado las redes sociales se incendiaron después de que el abogado del Chapo, Jeffrey Lichtman, mostró la estrategia que desarrollará en los próximos meses. Acusó al ex presidente Felipe Calderón y al todavía mandatario Enrique Peña Nieto de recibir sobornos del cártel de Sinaloa. El defensor también señaló que Guzmán Loera  es un “chivo expiatorio” del gobierno y desvió la atención hacia Ismael El Mayo Zambada, quien nunca ha sido detenido y al que señaló como el verdadero líder del cártel de Sinaloa.

Calderón negó las acusaciones en su contra y Presidencia las calificó como “falsas y difamatorias”.

La Fiscalía de Estados Unidos dice que cuenta con más de 300,000 documentos, cientos de grabaciones y unas 140,000 llamadas y mensajes de texto interceptados durante dos décadas. Este material se presentará como evidencia para demostrar que Guzmán Loera es el mayor traficante del mundo, responsable de asesinatos, lavado de dinero y conspiración. Sin embargo, en algo coincide con la defensa: hubo sobornos a autoridades por parte del cártel.

El juicio del Chapo representa la perversión del sistema mexicano. Más allá de las acusaciones entre unos y otros, el juicio muestra un debate ético, judicial y social sin precedentes: ¿Quién dice la verdad? ¿Se puede creer a un narcotraficante? ¿Qué y quiénes están detrás del narco en México?

Lo que está en juego es el relato de una de las épocas más violentas del país: si, como dice la narrativa oficial, el Chapo es la encarnación del mal, la máxima cabeza de esa industria del narcotráfico que domina un país; o si el narcotráfico es el producto de un sistema corrupto que conquista la riqueza del territorio a través de la violencia.  No podemos dejarnos llevar por grandes titulares y el calor de las redes sociales. La Fiscalía pidió al juez Brian Cogan desestimar los argumentos de Lichtman por estar basados en rumores. El juez, sin embargo, solo amonestó a Lichtman por haberse “apartado de pruebas directas o indiciarias” y pidió al jurado que se apegue a las pruebas. Lo mismo que debemos hacer quienes seguimos el caso. 

Estos son los cimientos sobre los que se construye el llamado “juicio del siglo”:

La defensa

Jeffrey Lichtman es un abogado criminal, de 53 años, que ha sido calificado por la prensa como “estrella” “legendario” “brillante” y “genio legal”. En su página web enumera al menos una treintena de casos en los que ha sentado precedente. Es  famoso por defender a John “Junior” Gotti, uno de los grandes capos de la mafia en Nueva York. El hijo del jefe de la familia Gambino fue acusado por tres casos de homicidio y Lichtman logró que los tres juicios fueran anulados.

En el caso de El Chapo Guzmán tiene una estrategia similar. “Ganar un juicio a la vez”, según dijo en una entrevista con la BBC.  A lo largo del juicio pretende mostrar que “no todos los males en México se deben a Joaquín Guzmán” y que la violencia, el tráfico de drogas y la corrupción de funcionarios son parte de un problema mayor.

La defensa, que costará al menos cinco millones de dólares, también ha denunciado que no ha podido asesorar debidamente a su cliente debido a las estrictas condiciones de seguridad en las que se mantiene a Guzmán, quien permanece encerrado 23 horas al día y a quien en el primer día de juicio se le negó abrazar a su esposa.

Mientras el fiscal Adam Fels insiste en mostrar al Chapo como líder de un imperio que ha trabajado en al menos cuatro continentes y ha traficado cientos de toneladas de droga a Estados Unidos entre 1989 y 2014, la defensa planea mostrar a Guzmán como un “don nadie”, que ha sido culpado durante años por los crímenes de Zambada.

En la defensa están también  Eduardo Balarezo, un especialista en crimen organizado que se presenta en su web como “el abogado del Chapo” y que anteriormente defendió a Arturo Beltrán Leyva, y William Purpura, defensor de Richard Anthony Wilford, capo de la droga de Baltimore. 

La acusación

La Fiscalía dice que al menos unos 40 testigos podrán declarar contra Joaquín Guzmán. El caso tuvo que ser sobresellado por “cuestiones de seguridad” debido a la cantidad de información y porque hay nombres de varios funcionarios mexicanos.

En el tercer día de juicio, declaró Jesús Rey Zambada, hermano del Mayo, quien fue un líder del cártel en Ciudad de México. También estarán Dámaso López Nuñez, alias El Licenciado, quien lo ayudó a escapar del penal de Puente Grande y después ascendió en la jerarquía del cártel de Sinaloa; el piloto Miguel Ángel Martínez, a cargo de las operaciones áreas en los 80s y 90s; el traficante César Gastélum, detenido en 2015 por operaciones a gran escala entre México, Centroamérica y Colombia, y los  colombianos César Gastélum y Alex y Jorge Sifuentes, colaboradores del cártel de Sinaloa.

Se espera que en los próximos días aparezcan más testigos como los hermanos Pedro y Margarito Flores, quienes fueron de los narcotraficantes más poderosos en Chicago, el hijo de Ismael Zambada, Vicente Zambada, quien lideraba una facción del cártel y el hijo de Dámaso López, que lleva el mismo nombre, quien se entregó a las autoridades el año pasado.

 

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