La expansión de las clases medias: respuesta a Gerardo Esquivel

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La definición de la clase media es un problema fundamentalmente político y sociocultural que no debemos eludir. Las estadísticas solamente sirven para tener una idea aproximada del tamaño de este sector social. No constituye, propiamente hablando, una clase, tal como se suele definir en la sociología o en la economía política. Se trata de un conglomerado heterogéneo de grupos sociales, un inmenso espacio en el que se pueden reconocer ciertos modos de vida que fueron bien descritos en el libro de Luis de la Calle y Luis Rubio. La idea de que la clase media pudiera hoy abarcar a cerca de dos tercios de la población parte de las muy sugerentes reflexiones de Jorge G. Castañeda, quien dedica un capítulo de su libro Mañana o pasado (2011) a este tema.

A Gerardo Esquivel, profesor del Colmex, le parece que discutir si México es un país de clase media es una banalidad. Es su manera de esquivar el problema político. Se mantiene encerrado con sus cifras y no alcanza a percibir la importancia política de la reflexión sobre el peso de las clases medias. Parece creer que hablar de clase media significa no enfrentar el problema de la pobreza…

Yo creo, en cambio, que para entender los procesos políticos y socioculturales del México de hoy es necesario apreciar la importancia de la clase media. Si no se reconoce el fenómeno de la expansión de los modos de vida clasemedieros (que rebasan sus fronteras estadísticas) no se podrá comprender, por ejemplo, el triunfo del PAN en el 2000 o la derrota de López Obrador en el 2006. La izquierda no fue capaz de ampliar su influencia en las clases medias en el 2000. En contraste, el PAN avanzó impetuosamente en ese espacio. Y en 2006 la agresividad de López Orador hacia la clase media le costó muy cara: perdió en pocos meses la ventaja que llevaba en las intenciones de voto, una ventaja que no ha logrado recuperar. Después de las elecciones de ese año, el plantón de protesta en la ciudad de México le acabó de enajenar el apoyo de amplios sectores de la clase media. Hoy, con su propuesta de hacer una alianza electoral con los maestros rijosos de la CNTE, se equivoca de nuevo. La CNTE es un movimiento que, además de expresar a una izquierda reaccionaria y atrasada, es profundamente cuestionado por la mayor parte de la clase media. Si la izquierda rechaza la reforma educativa y desprecia los problemas de seguridad, dos temas muy importantes para la clase media, quedará estancada.

El origen de estos errores proviene de las ideas populistas que han dominado en la izquierda, y que en nombre de una muy justa causa (la defensa de los más pobres, la lucha por la igualdad) ha cerrado los ojos ante la realidad social: México es ya un país en el que las esperanzas y los temores de la clase media dominan el escenario de la cultura política.

En un artículo en el diario Reforma sostuve la idea de que México es ya un país de clase media, y que el informe de Oxfam sobre la desigualdad esquivaba esa realidad. El autor de este informe, Gerardo Esquivel, quien es generalmente asociado con la izquierda populista, publicó en Horizontal.mx una respuesta titulada “La verdad sobre la clase media en México” donde afirma que estoy equivocado y que mi apreciación no corresponde a la realidad.

Para refutarme fundamenta su “verdad” con lo que llama “datos duros”. Se refiere a tres mediciones estadísticas. La primera es la del estudio del INEGI sobre las clases medias en México, que es considerada por Esquivel como fruto de “un método riguroso y transparente”. Según este estudio las clases medias en México constituyen el 42.4% de los hogares y están en expansión (en 2000 eran el 38.4%). Esquivel considera a la segunda medición, elaborada por la Procuraduría Federal del Consumidor, como “ambigua y poco rigurosa”. Según este estudio la clase media abarcaría solamente un 34% de la población. Por alguna extraña razón se extiende en la exposición de esta medición “poco rigurosa” mucho más que en el comentario del estudio del INEGI, que según él es el mejor. La tercera medición, publicada en 2014 en El Trimestre Económico (n° 322), es un estudio de Luis Felipe López-Calva y otros que simplemente califica como de clase media a quienes ingresan entre 10 y 50 dólares diarios; en esta interpretación, en 2012 el 34% de los hogares mexicanos sería de clase media.

El estudio del INEGI ciertamente es el más serio, y parte de la muy adecuada idea de que el gasto permite mucho mejor que el ingreso definir la condición social de la población. Este trabajo estadístico reconoce la enorme dificultad de definir a las clases medias a partir de rasgos intrínsecos (como gasto en restaurantes y bebidas, propiedad de la vivienda, acceso a servicios de salud y educación, vacaciones y otros parámetros). Señala que la única definición ampliamente aceptada es la más antigua: son de clase media los que no son pobres ni ricos. Con gran claridad los autores del estudio del INEGI sobre las clases medias reconocen que se basan en una combinación de los métodos estadísticos con la intuición, y advierten que se trata de un “ejercicio exploratorio”. Otro profesor del Colmex, Julio Boltvinik, acaba de presentar sus mediciones (Reforma, 22 de julio, 2015); según él, entre 2012 y 2014, la clase media bajó del 8.1% al 6.8%. ¡La clase media sería un estrato social minúsculo y en retroceso! Así que no es tan fácil, como pretende Esquivel, definir la “verdad” sobre las clases medias con “datos duros”.

Quienes se dan cuenta de que definir a las clases medias por sus peculiaridades intrínsecas puede resultar muy confuso, a veces prefieren cuantificar su importancia por exclusión, de acuerdo con la fórmula más aceptada: los que no son pobres ni ricos conforman la clase media. Hay una cuantificación estadística que Esquivel tiene ante sus narices pero que ha preferido no mirar: los cálculos bianuales que presenta el Coneval y que miden la cuantía de la población en situación de pobreza. La definición de los linderos que separan a los pobres de las clases medias es fundamental para aquilatar el peso de estas últimas. El Coneval acaba de publicar sus estimaciones para 2014, y muestra que los pobres ese año eran 55.3 millones de personas, que representan el 46.2% de la población. En 2012 había 53.3 millones de pobres (45.5%) y en 2010 sumaban 52.8 millones de personas (46.1%).

La situación en México es sin duda escandalosa e intolerable. La pobreza se incrementó en cerca del 4% mientras que las clases medias y altas apenas crecieron en 1%. Es urgente que se tomen medidas para disminuir significativamente la inmensa pobreza en la que vive gran parte de la población y paliar la vulnerabilidad que amenaza a los sectores de menores ingresos de las clases medias. Pero ello no debe ocultar el significativo hecho de que los pobres, de acuerdo con las cifras de Coneval, han dejado de ser mayoría. Hay un 53.8 % que no son pobres; si a este segmento le descontamos un 2% o un 3% de ricos, la conclusión es que en 2014 las clases medias formaban poco más de la mitad de la población. Por ello podemos afirmar que México es ya un país de clases medias. Después de que publiqué esta apreciación en el diario Reforma (28 julio 2015), Esquivel contestó con un comentario en El Universal, donde interpreta de manera forzada las cifras de Coneval, para señalar que hay una subestimación de la pobreza. Pero se le olvida tomar en cuenta una subestimación mucho más obvia: la encuesta en que se basa el Coneval, como es bien sabido, subestima considerablemente los ingresos. Al respecto puede consultarse otra interpretación mucho más refinada, hecha por Luis de la Calle en El Universal, en la que muestra que, según cálculos de la Cepal, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) subestima en poco más de un 50% el ingreso. La Cepal calculó que el 37% (y no el 45.5, como Coneval) de los mexicanos estaba en pobreza en 2012.

A algunos les parece que sostener la idea de que México es ya un país de clases medias denota una posición de derecha. Aparentemente, es de izquierda afirmar que los sectores pobres son mayoritarios. Se trata de una opinión absurda que renuncia a observar con atención la realidad política mexicana. ¿Habrá que abolir a la clase media para ser de izquierda? Véase la siguiente paradoja: los hechos muestran que el paulatino descenso del apoyo al PRI ocurre debido a que su base de sustento tradicional –los pobres de las zonas rurales, principalmente– se ha ido reduciendo. La expansión de los partidos de oposición al antiguo régimen autoritario se ha debido en gran medida al crecimiento de zonas urbanas y a la ampliación de las clases medias. El problema para la izquierda es, acaso, lo que señalan Luis Felipe López-Calva y sus colaboradores en El Trimestre Económico: en estas clases medias se extienden las ideas políticamente más moderadas. De allí que surja en algunas izquierdas la política del avestruz: cerrar los ojos ante el crecimiento de los hábitos de las clases medias que en muchos lugares ya son una mayoría estadística, para poder reafirmar posiciones radicales que supuestamente reflejan los intereses de las clases pobres y explotadas. Pero es evidente que las cosas no son tan sencillas. Ya señalé que el PRI –que es un partido de derecha– tiene una sólida base en las capas sociales más pobres. Y las clases medias no siempre son moderadas: en algunos países han apoyado golpes militares o alternativas de extrema izquierda. Las clases medias son un espacio social muy complejo, lleno de contradicciones, muy resbaloso e inestable. Más vale no considerarlo un problema trivial.


(Fuente de imagen: Wikimedia)

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