Guadalajara: rebelión ciudadana

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Las elecciones del pasado 7 de junio arrojaron resultados interesantes: el triunfo de Morena en el Distrito Federal, “El Bronco” arrasó en Nuevo León y una mayoría que, pese a los desaciertos del gobierno, votó por el PRI. En Jalisco el Movimiento Ciudadano (MC), un partido que a nivel nacional no tenía muchas esperanzas de sobrevivir, ganó Guadalajara y su zona metropolitana: MC gobernará al 70% de los jaliscienses. Además, en el distrito 10 de Zapopan fue electo Pedro Kumamoto, un candidato independiente que tomó a todos por sorpresa. El fenómeno ocurrido en Jalisco obliga a preguntarse: ¿qué pasó ahí? ¿Cómo se organizaron para derrotar al PRI? ¿Quiénes apoyaron las candidaturas de MC y Kumamoto? ¿Cuál es su historia y agenda política?

“Cuando llueve, sale la corrupción a la calle”, Rossanna Reguillo recuerda esta frase del académico Víctor Espinoza. Estamos en su oficina en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) conversando sobre los retos de los nuevos gobiernos en Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tlajomulco. Ha estado lloviendo en Guadalajara. Algunos brotes de dengue -típicos en la región- asustan a amigos cercanos. Las lluvias torrenciales, combinadas con un calor que supera los 30 grados, animan el ambiente perfecto para el mosquito que transporta este virus. Hay virus que se propagan por el aire y otros que necesitan vehículos para hacerlo. La incidencia de la sociedad civil en la zona metropolitana de Jalisco ha sido decisiva para explicar lo sucedido el pasado 7 de junio. Una idea se ha contagiado en los últimos años: para reapropiarnos de lo público debemos reimaginar los vínculos que unen a autoridades y ciudadanos.

Pedro Kumamoto ganó el distrito 10 en Zapopan. Su triunfo ha emocionado a propios y a extraños. Con el 38.4% de los votos en el distrito, se convierte en pieza clave dentro del congreso local pues su voto podría implicar un cambio en las decisiones legislativas. No obstante, la actual ley orgánica del congreso estatal no le permite formar parte de ninguna comisión legislativa. Una de sus primeras acciones previas a la toma de protesta será impulsar una reforma a la ley orgánica del congreso del estado: Pedro busca presidir la Comisión de Administración y formar parte de la de Participación Ciudadana. “Lo vamos a dejar a la puerta del Congreso con su lonchera, su mochila y su iPad, nosotros somos su bancada”, así se imagina Reguillo el próximo primero de noviembre, cuando la LXI legislatura entre en funciones.


La red social

Kumamoto no es un milagro de 18 mil pesos y una Mac, sino el producto de un complejo entramado social gestado durante los últimos años.

Esa “bancada” ciudadana es un fenómeno amplio y complicado cuyo trazo se puede encontrar a finales de la década pasada. La elección intermedia de 2009 significó una oportunidad para aglutinar una corriente de opinión con un mensaje claro: la clase política actual no nos representa. Esta idea tuvo como consecuencia un llamado a favor del voto nulo que acaparó la atención mediática ese año. Guadalajara se convirtió en el epicentro de un movimiento nacional: distribuido en sus liderazgos, diverso en sus consignas y horizontal en su organización. Los anulistas de 2009 encontraban buenas razones para confiar en la movilización política. En Jalisco los casos del “placaso” y el “limosnazo” de los años anteriores fueron suficientes para protestar en las urnas. La candidatura del perro Fidel más la movilización de decenas de colectivos sociales lograron que en la zona metropolitana de Jalisco el voto nulo llegase a representar el 9.2% de la votación total emitida.

La campaña anulista se sostuvo en la noción de representación política. No es que no hubiese buenos ciudadanos e intereses que representar, sino que la clase política únicamente se representa a sí misma. La segunda fase de la transición a la democracia, de acuerdo con las reflexiones de los grupos anulistas, consistía en integrar a los ciudadanos a la toma de decisiones y en tener mecanismos de premio y castigo para los representantes populares. Como a nivel nacional, la alternancia de Jalisco también llegó por la derecha: con el PAN. Sin embargo, los gobiernos panistas, después de llegar al gobierno, perdieron rápidamente contacto con los ciudadanos e imitaron las peores prácticas de sus antecesores.

La dura crítica de los anulistas al sistema político tuvo efectos concretos. Primero, la conformación de la Asamblea Nacional Ciudadana, un espacio donde más de setenta organizaciones de la sociedad civil fueron decantando la agenda del voto nulo que terminó proponiendo algunos puntos de reforma política: candidaturas independientes, medios de democracia directa y participativa y menos dinero a los partidos. En segundo lugar, fue el pretexto para la formación de redes locales de activismo político. Blogs, listas de correos, el incipiente Twitter, grupos de Facebook y una red social hecha a la medida fueron las herramientas que usaron estos colectivos para comunicarse. Esas redes, en parte, subsisten hasta la fecha, se comunican y, en ocasiones, coinciden en el quehacer público.

Internet ha jugado un papel central en la configuración de estos grupos. Formados principalmente por ciudadanos de clase media de las zonas urbanas, con educación superior, son nodos de otras redes más grandes: universitarios, activistas, empresarios y periodistas. Estos colectivos que pasaban de lo virtual a lo físico participaron de manera activa entre 2009 y 2010 en movimientos como: #votonulo, #YaBájenle, #ACTA, #InternetNecesario y #GuarderíaABC.

La conformación en red ha revitalizado el panorama de la participación social en México. Los teóricos de internet han propuesto algunos principios en su arquitectura que, ahora, se han utilizado como métodos de organización social colectiva. Algunos de estos principios son: nadie la posee, todos pueden usarla y cualquiera puede mejorarla. “Imaginamos que la mejor manera de organizarnos sería a través de una plataforma de la cual los grupos y personas pudieran subirse o bajarse de acuerdo con sus contextos y posibilidades. Esta plataforma activaba distintas causas y las sostenía en el tiempo”, dice Carlos Páez, consultor de redes y activista político de Guadalajara.


Puentes de diálogo

Las conexiones de esta red han tenido consecuencias específicas. La agenda de movilidad no motorizada en Jalisco, por ejemplo, ha tenido eco en la población más joven y conectada. A finales de 2009, todavía con la efervescencia del anulismo, varias organizaciones convocaron a una acampada en la construcción del puente atirantado Matute Remus ubicado en el cruce de las avenidas Lázaro Cárdenas y López Mateos. Un campamento público previo a Occupy Wallstreet.

Iniciaron 20 personas y tenían un ritmo de alternancia de entre seis y diez personas más tres que velaban por las noches. Se convocó a través de redes sociales y algunos medios hicieron su aparición para documentar este ejercicio que renovaba el activismo urbano en Guadalajara. El puente atirantado representaba la afirmación de una política urbana que privilegia el automóvil y estrangula la posibilidad de una ciudad con mejor movilidad.

Mientras en las redes informaban sobre el campamento y las reacciones de las autoridades, allí se vivía un ambiente festivo. Fernando Hernández, miembro del colectivo ciudadano Ciudad para todos, me cuenta: “llenamos un viejo librero y le pusimos ‘Biblioteca Pública Matute Remus’. Había sillones y guitarras. Había un ‘contador’ de muestras de apoyo o de mentadas de madre (sobre todo el clásico: pónganse a trabajar, huevones).” Con la acampada lograron activar a los vecinos de la zona —por allí acampaba Pedro Kumamoto— y así extender los enlaces en la red.

Jesús “El Negro” Soto recuerda:

Duró un mes el campamento: estorbábamos cuando se podía a la maquinaria pesada, nos subíamos a los árboles para que no fueran talados y construíamos día a día un diálogo con los trabajadores de la obra que se sentían amenazados por nuestra presencia; no querían perder el escaso trabajo que había en aquel entonces. Terminaron muchos de ellos siendo buenos amigos, acudiendo a beber té y a comer galletas a nuestra efímera cocina. El diálogo que se dio con los obreros jamás pudo lograrse con las autoridades. El campamento pedía algo muy simple: puentes de diálogo.

El campamento fracasó: un mes después de la resistencia, máquinas excavadoras levantaron el camellón. Al retirarse, los activistas colocaron su último mensaje (en físico y en la red), que decía: “el campamento no se levanta, se eleva”. El día de la inauguración se produjo un tremendo embotellamiento, quizá como metáfora de lo que vendría.

El año siguiente, con un colectivo más grande y organizado, se detuvo la Vía Express. El proyecto se anunció como uno de los ejes de desarrollo de la ciudad y consistía en la construcción de un viaducto sobre el paso del tren, desde la avenida Aviación e Inglaterra hasta el extremo que se bifurca en la carretera a Chapala, por un lado, y la autopista a Zapotlanejo por el otro. Un proyecto de 23 kilómetros de concreto. Después del fracaso en el puente atirantado, el reto parecía más complicado; no obstante, una amplia coalición de activistas, académicos y empresarios lograron revertir el proyecto de la autopista urbana. En ese entonces, Pablo Lemus, representante de la Coparmex en el estado, se sumó a la propuesta de activistas y vecinos: cambiar el proyecto de una autopista urbana por el de un parque lineal.


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Movimiento ciudadano, entre lo local y lo nacional

La casa de Pablo Lemus en Zapopan es amplia y abierta; el bosque de los Colomos es la frontera con su jardín. Las salas se encuentran tapizadas con obra de artistas contemporáneos de Guadalajara. Lemus ganó la elección como alcalde de Zapopan con 41.08% de los votos, como candidato de MC. El ser un hombre de partido no le causa mucha simpatía: “no me veo como una persona que milite en el partido, ni pienso militar. No nos vamos a convertir en los mismos monstruos que se convirtieron los otros”. Describe su paso del sector privado al político a partir de su frustración: “el monopolio que han tenido los partidos políticos nos forzó a tomar un papel de exigencia, diálogo y propuesta dentro del gobierno. Nunca nos sentimos escuchados.”

En la prensa nacional, Dante Delgado, coordinador nacional de MC, se perfiló como el gran ganador de la elección. El político veracruzano es un estratega pragmático que sabe tomar decisiones de acuerdo a las circunstancias políticas. El estado que otorgó mayor número de votos al partido fue Jalisco: MC se convirtió en la primera fuerza política de la entidad y, como se dijo, hoy gobierna a casi el 70% de los jaliscienses.

En la escena política de Jalisco, Dante pasa casi desapercibido. La lógica es la de un movimiento de base social puramente local. Aquí se habla del alfarismo y de un contenedor, el partido, que le permite participar a expriistas, experredistas, panistas y ciudadanos sin partido. El trabajo en la calle y la obsesión por los “buenos gobiernos” parecen ser el mantra de los alfaristas. Lemus reflexiona sobre el futuro: “Tendrá que haber una comunicación amplia entre el proyecto alfarista y Movimiento Ciudadano a nivel nacional. Ganamos la elección en Jalisco pero viene otro reto: la gubernatura con un proyecto nacional que la acompañe. Si el proyecto nacional y el estatal no empatan, no iremos hacia ningún lado.”

La relación entre ambos movimientos se vislumbra compleja. El alfarismo se ha construido como un movimiento netamente localista. Reunió a los sectores académico, empresarial, político y de sociedad civil en torno al liderazgo de Enrique Alfaro. Existe en estos días un ánimo de verse todos en una misma coalición de gobierno que pueda avanzar agendas sustantivas en Jalisco. MC ganó la mayoría del congreso local, y la mitad de los diputados federales del partido provienen de las filas del alfarismo (hasta ahora se sabe que la coordinación de la bancada recaerá en Clemente Castañeda, el ex coordinador de la bancada de MC en el congreso local). Esta poderosa red regional ha tomado, en los hechos, la dirección de MC en lo nacional. Comienza a presentarse una tensión importante entre el proyecto alfarista y la dirigencia nacional del partido.

Guadalupe Morfín se sumó a la campaña de Enrique Alfaro. Uno de sus primeros actos fue instalar los “cuartos de paz”. Con ello buscaba modificar el tono y rumbo de una campaña que se tornó violenta en el discurso y en la acción. Vestida de blanco, entregaba flores a los candidatos adversarios del proyecto de MC. Para ella la explicación de la victoria de Alfaro, Lemus y Kumamoto se debe en gran medida a tres factores: uno, el desprecio a los partidos políticos y a las estructuras tradicionales de poder; dos, una sociedad civil cada vez más organizada y cuya red de solidaridad se ha formado desde las explosiones del 22 de abril de 1992 y, tres, la nueva ola de activismo urbano que ha conectado con los problemas políticos de las nuevas generaciones.

Con la adición de Morfín, quedó claro el pacto con la sociedad civil. Además, el ADN del movimiento local está nutrido de un poderoso grupo de expanistas. Me encuentro con Ricardo Rodríguez cerca de la colonia Moderna en Guadalajara. Rodríguez militó en el PAN durante 22 años. Fue diputado federal, consejero nacional del partido, subprocurador de la Profeco y secretario general del PAN en Jalisco. Identificado con Jorge Manzanera —uno de los operadores políticos más oscuros del panismo—, Rodríguez se asume como un ciudadano pragmático, a favor de las libertades y, en cierto sentido, más cercano a la izquierda. Rompió con el PAN luego de ser electo diputado local en 2012. Los moches —la única manera de describir el moche es como un robo de dinero público: se trata de un porcentaje que se quedan lo políticos por la asignación de obra pública— de la “comanda azul” le parecieron inadmisibles, y durante un año se convirtió en el primer diputado independiente del congreso local. Después se unió a MC y terminó por coordinar la campaña de Pablo Lemus y hacerse de una regiduría en el ayuntamiento de Zapopan.

Ricardo coincide en la visión localista: “Prácticamente no existe movimiento ciudadano al interior. Cuando yo me acerqué al partido para preguntar ‘¿en qué ayudo?’, me dijeron que me fuera a trabajar en mi distrito. MC es, fundamentalmente, una estructura generada fuera del partido”. El modelo del alfarismo suena conocido: Morena, también considerado un movimiento-partido, hace su mayor trabajo en las bases locales mientras las decisiones políticas están destinadas a una estructura mínima superior.


La agenda de Kumamoto

Para Kumamoto el quehacer político no es distinto: “Nosotros no nos entendemos sin la efervescencia política de la sociedad civil en Jalisco”. Dice que serán los electores de su distrito los que marquen la agenda, que regresará a ellos para consultarles todo cuanto sea posible. Un consejo consultivo estará constantemente asesorando al diputado independiente, con liderazgos rotativos que trabajen en distintas áreas de especialización y que logren abarcar la mayor cantidad de temas.

El problema de una diputación que se describe como colectiva es la toma de decisiones. Para Kumamoto existe un piso mínimo para ello: “Lo haremos a través de marcos previamente pactados: por ejemplo quitarle poder a los partidos y dárselo a las personas. Otro ejemplo es no hacer un pacto criminal. Fuera de eso, ¿cómo generar un ejercicio legislativo para un sistema democrático moderno? El diálogo será esencial, a veces tendrá razón el PRI, otras el PAN, otras MC y otras yo. Habrá que ceder. Se trata de un ejercicio de generosidad”.

Una de las preguntas esenciales que se hace Kumamoto a la hora de priorizar la agenda política es “¿Qué estás representando?” Para analizar el contexto político, una de las tareas en su agenda es hacer encuestas y estudios constantes de las necesidades de la población, con el fin de sistematizar sus prioridades y legislar y proponer políticas públicas. Para él, “todas las batallas son legítimas e importantes; yo no soy quién para juzgarlas. Pero hay que ser conscientes de la naturaleza de mi representación. Nuestro pacto es amplio: con personas que se encuentran a la izquierda y a la derecha. La participación ciudadana debe ser la agenda de esta diputación”.


El co-gobierno que viene

Esa agenda, gestada después del movimiento anulista, ha ido creciendo paulatinamente en Jalisco. Las reformas locales de los últimos años han permitido el ejercicio del presupuesto participativo en Tlajomulco, el refrendo de mandato y una plataforma ciudadana, #Haztuley, que permite la creación de leyes en una plataforma electrónica para que los diputados locales, previamente comprometidos, usen las propuestas ahí generadas.

El enjambre de la sociedad civil en Guadalajara se compone de un complejo entramado de agendas e intereses. Hoy se asumen como parte de la alianza gobernante. No porque sean ellos quienes ocupen los puestos sino porque públicamente han dado la cara por esta generación de políticos que “no son los mismos de siempre”. Entienden la responsabilidad que ha significado apoyar proyectos políticos específicos, como MC y Kumamoto. Están en buena medida apostando su prestigio por un resultado incierto.

Se trata de una amplia red que no ha estado exenta de descalabros. Tras el triunfo en la Vía Express, se creó una potente plataforma de activismo ciudadano llamada “Tómala”, que no deja de buscar alternativas democráticas. Las capacidades de injerencia de la sociedad civil organizada fueron atacadas de muchas formas luego de 2012. De la red “Tómala”, el PRI reclutó a dos secretarios estatales, un subsecretario y algunos funcionarios estatales y municipales. Para Carlos Páez, también director del think tank Mesura.org,  “la idea recurrente de muchos de cambiar al PRI desde adentro, el canto de sirenas o la sevicia, dañaron a la red “Tómala”, pero al paso del tiempo la hicieron más robusta y clara”.

El retorno del autoritarismo ha detonado que esta red esté más organizada. En los peores años de la inseguridad, Guadalajara y Zapopan se ubicaron entre los municipios más violentos del país, con 185 y 181 ejecuciones en 2013. Mirar hacia afuera o hacia adentro, allí estaba el dilema. El recogimiento de la mirada hacia lo local les dio más y mejor perspectiva. Para Reguillo, “el proyecto Kumamoto desbordó al activismo de siempre, fue capaz de traer al escenario político a gente que estaba en otra frecuencia”. La imaginación colectiva sobre la ciudad y la vocación de reapropiarse de lo público los obligó a desprenderse del purismo que muchas veces contagia a la sociedad civil mexicana —especialmente a los “súper ciudadanos” del Distrito Federal, quienes demuestran un desprecio absoluto por el ejercicio del poder.

Margarita Sierra es una vieja conocida de otras batallas. Su fama en Jalisco como una peculiar activista, que combina posiciones duras y buen humor, está cimentada desde hace varias décadas. Su interlocución con el sector cultural y las clases altas de Guadalajara ha sido decisiva para impulsar ciertas agendas de participación ciudadana. Fue la primera del grupo exanulista en sumarse al alfarismo, y en consecuencia fue señalada y criticada por algunos de sus compañeros que no terminaban de entender el cambio repentino.

La oficina de Margarita se encuentra llena de plantas, libros y cuadros. La Universidad de Artes Visuales (CAAV), fundada por ella hace unas décadas, es la sede de sus reuniones. Se encuentra platicando con el equipo de diputados federales de MC para implementar #Haztuley a nivel federal. Sorprendentemente su postura sobre los partidos no se ha modificado desde los años en que promovía el voto nulo. “No, no, lo de Jalisco hoy fue una cosa estratégica; los ciudadanos entendimos que teníamos que sacar al PRI y su autoritarismo. Entendimos también que la construcción de gobiernos que nos sirvan es responsabilidad de todos. Eso no quiere decir que vaya a militar en MC ni mucho menos. Lo que hacen los partidos es una cuestión perversa para saquear al erario público. En este nuevo contexto, los partidos se darán cuenta de que no sirven para nada. Kumamoto es prueba de ello.”

Lejos de eliminarse, la tensión entre la sociedad civil y el gobierno parece más fuerte que nunca. Han llevado a la práctica el postulado constitucional de que el ciudadano manda. Se han hecho responsables de cambiar la forma de su gobierno y están dispuestos a participar en él. Por eso no darán marcha atrás. De acuerdo con Reguillo: “Ya ganamos la calle y no nos tenemos que ir. Los lazos construidos con estos nuevos políticos se deben sostener y actualizar, ¿a poco ahora vamos a hacer antesala con Lemus y Alfaro? Pues no.”

Pese a sus particularidades de origen y destino, la red que gobernará Guadalajara y su zona metropolitana, encuentra prioridades convergentes en su tarea como autoridad. Los colectivos de la sociedad civil, MC y Kumamoto parecen tener una agenda común a favor de la transparencia de los recursos, la auditoría cotidiana y una alta participación de la sociedad en la toma de decisiones del gobierno. Invadir todos los espacios donde la corrupción es posible y tratar de derribarla.

Kumamoto es independiente de los partidos, es cierto. Su independencia, sin embargo, es relativa, no estará solamente atado a las consultas constantes en su distrito y al comité de expertos que los acompañarán durante la legislatura. También tendrá que negociar al interior de esta gran coalición ciudadana su agenda y priorizar temas, recursos y su voto.


Conservar el buen humor

“¿A quién le convenía que ‘todos fueran iguales’? Al poder en curso”, me espeta, con desparpajo el periodista Zul de la Cueva en una amena reunión organizada por Margarita Sierra, donde se encuentran reunidos personajes claves en los triunfos de Alfaro, Lemus y Kumamoto. Están convencidos de que en esta ocasión podrán hacer la diferencia. Pablo Lemus cree en la posibilidad de tener buenos gobiernos, para lo cual hará comités de participación de la sociedad civil en cada una de las carteras del ayuntamiento. En palabras de Ricardo Rodríguez: “tanta sociedad como sea posible, tanto estado como sea necesario”. Para Guadalupe Morfín, un buen gobierno comprende el reconocimiento de las iniciativas de los otros: “Las batallas no se ganan por descalificación sino por coincidencia”. En el caso de Guadalajara, también será prioritario fijarse en el oriente de la ciudad y en la población de las cárceles, así como restituir el respeto a los derechos humanos en medio de un clima de violencia que ya ha amenazado a varios activistas.

En esta bancada ciudadana todos se conocen, se sancionan y se apoyan. En palabras del escritor Antonio Ortuño, “se han convertido en un contrapeso moral del status quo”. Pedro Kumamoto deberá mostrar su trabajo también fuera del congreso; parte de sus recursos serán destinados a la capacitación y formación de cuadros. Él se imagina una cámara compuesta por una bancada de independientes. Estos colectivos son distintos pero convergentes; sus lazos se han estrechado en lo público y observan en la política un medio de transformación social antes que un mecanismo de mero acceso al poder.

El proceso por el que han transitado estos colectivos ha ido de la resistencia al empoderamiento. “El máximo aprendizaje que nos queda es darle voz a los otros, nunca hablar por ellos. Atender lo regional, identificar dónde hay disidencias que por nuestro estruendo centralizado no escuchamos”, dice “El Negro” Soto. El poder se ha distribuido de tal forma que cierta reivindicación de autonomía e independencia se pone en el centro de la esfera política. Los vínculos entre sus partes están mediados no solo por lazos políticos sino afectivos.

Las palabras buen humor y alegría han contagiado el lenguaje de estos nuevos sujetos empoderados. Para “El Negro”:

Más allá de los partidos o las organizaciones, son las personas que logran establecer un lazo de amistad las que logran articular más poderes. La amistad supone confianza, aprender en el camino a hacer cosas juntos a pesar de los golpes. Desarrollar una amistad para hacer política pero no en el sentido de día de campo. La amistad supone decirse la verdad aunque duela. Sí, todos pertenecemos a una clase y habitamos espacios urbanos específicos, pero hemos sabido cultivar una relación que, aunque se ha roto muchas veces, se ha intentado restablecer para empezar a caminar políticamente.


En Zapopan la corrupción sale a la calle cuando llueve. El pavimento ha sido sustituido por tierra, piedras y hojarasca, semejando el aspecto de una playa devastada por un huracán. De pronto, uno deja de estar en un barrio rico de la zona metropolitana de Guadalajara.

La rebelión local en ciernes, aquí en Guadalajara, podría ser uno de los fenómenos más interesantes a nivel nacional hacia el 2018. La gestión de gobierno y la capacidad de articulación de esta amplia red tendría que estar en nuestro radar los próximos tres años.  Vale la pena pensar si puede reproducirse en otras ciudades —yo creo que sí. Como ha quedado demostrado, cuando la sociedad civil es más decidida en lo político sin abandonar su independencia y función como vigilante del poder, puede generar y responsabilizarse de cambios concretos. En un país desencantado de las formas de hacer política y apático frente al autoritarismo, los triunfos de esta sociedad civil en Guadalajara son una buena noticia: este proceso colectivo le brinda esperanza a nuevas posibilidades para las próximas elecciones.

Rossanna Reguillo vaticina que “en 2018 asistiremos a una debacle de los partidos políticos”. No lo sabemos: en varios estados de la república las legislaturas locales se están “blindando” contra los independientes y los requisitos para contender siguen siendo altos y burocráticos. Los triunfos en la zona metropolitana de Jalisco han inaugurado una anomalía en nuestro país: ciudadanos capaces de ejercer derechos.


(Ilustraciones: Curiousflux)

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