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Estimados lectores:

Hoy concluye mi etapa de trabajo en Horizontal. He decidido incorporarme a la próxima administración federal. Esta decisión contraviene el espíritu independiente y crítico de la publicación y a su centro educativo. Mi mirada y entusiasmo con la así llamada “Cuarta Transformación” deformaría la línea editorial de Horizontal.

Aquí he pasado los mejores años que recuerde. Estoy convencido de la utilidad pública de una plataforma transparente, combativa y crítica. Hacia atrás veo un camino que abrió nuevas brechas sobre el papel de los medios en el país: nos atrevimos a hacer una plataforma sin publicidad cuyo modelo de negocios ha sido, poco a poco, replicado. En Horizontal se ejerce una libertad intelectual de la que no suelen gozar las revistas mexicanas. Celebro que abrimos ventanas que hoy son amplias puertas: un análisis inteligente de los nuevos derroteros de la izquierda, un periodismo profundo y riguroso, una apuesta por encarar perniciosas prácticas sociales como el racismo y la celebración de la desigualdad.

Desde hace algunos años he participado en la vida pública y política de México. El primer paso fue saltar a una militancia abierta, al tiempo que cultivar un espíritu crítico y autónomo. La generación de la que formo parte optó por un camino similar y conjuramos espacios de deliberación de la agenda pública –una práctica tan común como tomar café o viajar en metro—. A veces fuimos exitosos al incidir en la izquierda partidista con argumentos colectivos; otras veces fracasamos. Aunque sea mínimamente, contribuimos a generar las condiciones para que la izquierda ganase la presidencia y el congreso. No hay contribución pequeña.

Estoy convencido de que habrá un cambio importante en la vida pública del país. La “Cuarta Transformación” no es un catálogo de promesas de política pública, sino una batalla cultural por librarse; quiero ser parte de ella. Acepté la invitación a incorporarme al equipo de la Secretaría de Cultura y pondré mi talento e imaginación en ello.

Adivino, para Horizontal, un futuro brillante que pasará por una renovación editorial y de su centro cultural. Además de continuar ejerciendo la crítica a través del ensayo político, se ampliará la cobertura periodística con la reconocida experiencia de Alejandra Sánchez y José Luis Pardo. El centro educativo y cultural tiene ambiciosos planes a mediano y largo plazo para consolidarse como una industria de nuevas ideas y quehaceres. Nada de lo anterior sería posible sin el enorme talento y la tenacidad responsable de Guillermo Osorno.

Finalmente, quiero agradecer al resto de los fundadores: Humberto, Rafael y Mario, por su entusiasmo con el proyecto. A nuestros socios, por confiar en lo que hacemos, especialmente a Pablo y a Gustavo de quien he aprendido tanto. A nuestro equipo operativo y editorial. Y a la extensa nómina de autores que ha desfilado en nuestras páginas, cuyas reflexiones han ampliado la mirada política, social y cultural de sus lectores.

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Lo más leído del 2017

Los textos aquí presentados se publicaron durante el 2017 y fueron los más leídos. Entre ellos se puede observar un panorama del año que acaba. La lista inicia con el asesinato de Javier Valdez, que nos movilizó como pocas veces, y termina con una reflexión sobre nuestros cuerpos en las calles cuando nos manifestamos. En el recorrido encontramos una entrevista con Juan Carlos Monedero (que ha generado mucha conversación en el contexto electoral), un llamado de atención sobre la problemática del agua en la Ciudad de México, una propuesta para enfrentar el problema de seguridad pública, un perfil de Macron, la locura por Maluma y las sabias palabras de Claudio Lomnitz sobre lo que ha ocurrido en el país durante estos años.

1.- Lamento por mi compa Javier Valdez – Froylán Enciso

 

2.-Oroxxo: entre la iconoclasia y el privilegio – Operación Hormiga 

 

3.- Lo sexual es político – Slavoj Žižek

 

4.- La (des)articulación de México: una entrevista con Claudio Lomnitz – Jorge Cano

 

5.- Maluma lector de Camus (Dos historias de impresiones en redes sociales) – Canek Zapata

 

6.- López Obrador y el zapatismo juntos en 2018. Entrevista con Juan Carlos Monedero – Diego E. Osorno

 

7.- El agua en la Ciudad de México: la crisis ecológica del mañana – Alejandro De Coss

 

8.- Quién es Monsieur Macron – Josemaría Becerril 

 

9.- La salida a nuestro problema de seguridad pública – Alejandro Madrazo Lajous

 

10.- ¿Qué hacemos cuando nos manifestamos? – Miriam Jerade

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De la ética editorial: una carta a nuestros lectores

El pasado 3 de marzo se publicó en Horizontal la primera entrega del Alfabeto racista mexicano del historiador Federico Navarrete. Algunos de nuestros lectores se han sentido incómodos e incluso ofendidos con la publicación de este texto, en particular con su entrada referente al sociólogo y antropólogo Roger Bartra.

Por ejemplo, nuestro lector Abdiel Macías escribe:

Navarrete endilga a un artículo de Roger Bartra la nada honrosa nota de “racista”. Podrá uno estar de acuerdo o no con Bartra. Pero [Navarrete] comete un salto lógico al atribuir a sus palabras un sesgo racista. En ningún punto del texto que pone a consideración [Bartra] habla de clases ni de “razas”. Terminado éste, apunta que algunas de sus palabras (“decrépito”, “decadente”…) se ajustan al discurso racista. Vaya, son palabras que denotan un campo semántico mucho más amplio y no quedan sólo en la historia, sino que son comunes en la charla cotidiana. Yo veo que podrían adscribirse a una crítica del “viejo régimen” de patrimonialismo y clientelismo que forjó el ascenso y poder de los grandes sindicatos mexicanos al servicio del PRI, y a la reciente ofensiva de que han sido objeto. En ningún momento dice Bartra que el movimiento sindical sea decadente u obsoleto porque sus miembros son de tal o cual raza.

Al interior de la redacción también se ha suscitado un intenso debate. Desde enero de 2016 Horizontal funciona editorialmente de una forma descentralizada: todos los editores cuentan con la iniciativa para solicitar, editar y publicar textos autónomamente. Aunque es constante la discusión al interior de la redacción, una de las consecuencias de esta forma de operación es que sus editores no están, en lo individual, siempre al tanto de los contenidos de los textos solicitados por los demás. Este fue el caso con la primera entrega del alfabeto de Navarrete.

¿Nos encontramos frente a un texto impublicable o no? Algunos de los editores sostenemos que la entrada sobre Bartra se encuentra, en efecto, en los lindes de la calumnia y que debió haber sido severamente replanteada antes de su publicación o, de plano, no publicada. Ese gesto, el de incluir a Bartra (autor de un extensa obra que amerita rigurosas lecturas críticas) como entrada en un diccionario que tiene como fin marcar ideas y prácticas del racismo mexicano, nos parece inaceptable. Parecería que el objetivo de esa entrada no es pensar a Bartra ni sus ideas sino sencillamente marcarlo. También consideramos desafortunada la inclusión de Lorenzo Córdova en este alfabeto. Más allá de si su “exabrupto” de mayo del año pasado (en su momento analizado críticamente por el mismo Navarrete en Horizontal) reproduce o no un discurso discriminatorio, no se justifica ofrecer su nombre como entrada en un diccionario de la infamia racista.

Otros editores consideramos que la libertad de criterio de los autores al escoger sus batallas culturales, así como su manera de polemizar, debe prevalecer. Este género editorial, el alfabeto de autor, es un producto de naturaleza altamente subjetiva. Intentar adivinar las intenciones de los autores e intervenir los textos basados en esas suposiciones podría ser equiparable, en casos extremos, a algún tipo de censura.

¿Qué hacer frente a este tipo de disyuntivas editoriales? La opción más extrema es editar o suprimir el texto una vez ya publicado. Otra es no hacer nada. Hemos optado por publicar esta nota como una forma de abonar a la transparencia de Horizontal y a su compromiso por mantener un diálogo crítico con sus lectores. Del mismo modo nos planteamos iniciar una discusión sobre los límites éticos de una publicación como la nuestra, ocupada en cuestionar (a veces radicalmente) la distribución material y simbólica del poder, del capital y del saber. Invitamos a nuestros lectores a formar parte de esta reflexión.

Desde su arranque Horizontal ha asumido como una de sus tareas capitales la crítica del racismo. Esta batalla seguirá siendo parte de nuestro cometido editorial. Como editores nos comprometemos a integrar diferentes perspectivas que puedan abonar, con rigor y potencia, a esta discusión.

La Redacción

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El asesinato de Rubén Espinosa: periodismo, violencia y silencio

Cinco personas fueron asesinadas en un departamento de la colonia Narvarte en la ciudad de México: cuatro mujeres —Nadia Vera Pérez, Yesenia Quiroz Alfaro, Nicole y Alejandra— y un hombre —Rubén Espinosa, fotoperiodista— fueron golpeados, torturados y asesinados.

México es el país más peligroso para el ejercicio del periodismo en el continente americano. Del año 2000 a la fecha, de acuerdo con la organización internacional Article 19, 88 periodistas han sido asesinados a causa de su trabajo en nuestro país. México es, además, el país con más periodistas desaparecidos del continente —18 a lo largo de la última década. El año 2015 ha sido particularmente violento contra la prensa; siete periodistas han sido asesinados: Moisés Sánchez, Armando Saldaña y Juan Mendoza, en Veracruz; Abel Bautista y Filadelfo Sánchez, en Oaxaca; Gerardo Nieto, en Guanajuato; y, ahora, Rubén Espinosa, en la Ciudad de México. Cada 26 horas un periodista es agredido en México.

Los años y asesinatos no han pasado del todo en balde. México es uno de los países con mayor cantidad de instrumentos públicos para la protección de la libertad de expresión: una ley federal, un mecanismo de protección a periodistas, una fiscalía especial y un área especializada en la Comisión Nacional de Derechos Humanos. El presupuesto relativo a estas iniciativas ha aumentado; por ejemplo, el presupuesto de la Fiscalía Especial de Atención a Delitos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) creció de 3 millones de pesos en 2012 a 39 millones de pesos en 2014. El mecanismo de protección tiene asignados 135 millones de presupuesto este año y el programa de la CNDH erogó alrededor de 16 millones el último año para la promoción y protección de los derechos de los periodistas. Sin embargo, la Fiscalía apenas ha podido llevar el 10% de los casos ante un juez; el mecanismo ha logrado concluir exitosamente solamente dos casos y la CNDH ha emitido, en medio de una severa crisis de derechos humanos y violencia contra la prensa, solo ocho recomendaciones sobre libertad de prensa.

¿Cómo un Estado que gasta tanto garantiza tan poco?

La vida de los periodistas se ha precarizado en los últimos años. La violencia y persecución constantes no han brindado más y mejores derechos laborales, de asociación y de protección de sus derechos. Recientemente, al menos 37 periodistas veracruzanos han sido víctimas de desplazamiento forzoso. Rubén Espinosa fue uno de ellos. Llegó a la Ciudad de México el pasado mes de junio huyendo de Veracruz. Su trabajo, la cobertura de las protestas sociales, había incomodado al gobierno de Javier Duarte, durante cuyo sexenio 13 periodistas han sido asesinados en total impunidad. El acoso lo obligó a volver a casa de sus padres para continuar su trabajo. Autoridades y organizaciones civiles estaban al tanto de su condición de vulnerabilidad.

El Estado ha incumplido una y otra vez con su obligación de garantizar la libertad de expresión. Cinco de cada diez agresiones contra periodistas es perpetrada por un funcionario público. Por otro lado, el gasto en publicidad oficial se ha disparado en los últimos dos años; en 2014 se gastaron 10 mil 800 millones de pesos para la promoción del gobierno. El gasto desregulado y discrecional tiene efectos concretos en las líneas editoriales de medios nacionales y locales, que sutilmente se han auto-censurado para no perder una partida que representa un alto porcentaje de sus ingresos. El Estado hoy es parte del problema, y no de la solución, en la garantía del libre ejercicio periodístico.

Los medios de comunicación debemos solidarizarnos con Rubén y con los miles de periodistas agredidos, asesinados, desaparecidos y desplazados. La indiferencia e impunidad están generando amplias zonas de silencio en el país. Medios impresos y electrónicos han cerrado sus puertas ante una violencia apenas comparable con la de países autocráticos y con conflictos bélicos reconocidos. Millones de ciudadanos tienen menos acceso a la información y a expresarse. Nunca habíamos tenido un Estado que gastara tanto en la protección a periodistas y que al mismo tiempo fuera uno de sus principales agresores. Esta solidaridad con el gremio periodístico es urgente.

Como medio, en Horizontal.mx exigimos al gobierno el esclarecimiento del homicidio de Rubén Espinosa, de las cuatro mujeres asesinadas con él, y de todos los periodistas ejecutados en los últimos tres sexenios. Proponemos una discusión pública urgente sobre la crisis de la libertad de expresión en nuestro país, así como sobre esas leyes locales y federales que apuntan en una dirección sombría a este respecto: leyes de criminalización de la protesta, de restricción en el uso del espacio público, de prohibición de la documentación de abusos policiacos, y de vigilancia masiva. Los titulares de la Fiscalía Especial y del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas deben presentar sus renuncias de inmediato.

No dejemos que el silencio y el miedo se conviertan en una nueva cotidianeidad.

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El despido de Carmen Aristegui

En los últimos meses, el equipo de investigación de Carmen Aristegui presentó investigaciones que cuestionaron dura y justificadamente los actos incorrectos de políticos prominentes y, en consecuencia, han desestabilizado la extraña narrativa autocrática del gobierno de Peña Nieto. Una narrativa que se niega a dar buenas explicaciones frente a las evidencias de corrupción.

Carmen Aristegui, Daniel Lizárraga, Irving Huerta, Sebastián Barragán y Rafael Cabrera exhibieron el conflicto de interés en el que hasta la fecha se encuentra el Presidente de la República y dieron seguimiento puntual al del Secretario de Hacienda. Fue en ese espacio informativo donde se difundieron y analizaron las graves violaciones a los Derechos Humanos en Tlatlaya y donde se abrió el micrófono a las voces de Ayotzinapa. Fue en ese espacio donde se reportaron los deplorables comportamientos del expresidente del PRI capitalino Cuauhtémoc Gutiérrez.

En un país donde el periodismo de investigación es un bien escaso, el espacio de la primera emisión resultaba fundamental en la esfera pública. La buena calidad de ese equipo de investigación quedó clara una y otra vez. El despido del equipo por lo que, a todas luces, fue una falta menor es una reacción tan exagerada que obliga a pedir una explicación detallada del hecho. Una explicación que despeje (o confirme) por completo las dudas generalizadas sobre la intervención gubernamental en la cancelación de este noticiero. Esta junta editorial considera que, de no explicarlo, MVS estaría dando una pésima señal sobre su capacidad de proteger la libertad de expresión de sus periodistas. Otra mala explicación (como a las que nos ha querido acostumbrar el gobierno en turno) abonaría al ambiente de dudas.

Lejos de ser un asunto “estrictamente laboral” y de la sola incumbencia de los particulares involucrados, la destitución de Aristegui es un asunto de interés público: constituye un atentado a las libertades de expresión y de acceso a la información que enrarece aún más un clima ya de por sí hostil para el periodismo independiente. Se trata del síntoma de un profundo malestar estructural. No olvidemos que México es hoy uno de los países más peligrosos para la práctica del periodismo: del año 2000 a la fecha, 82 periodistas han sido asesinados presumiblemente por el ejercicio de su trabajo. Por acción u omisión del Estado, estos crímenes ya han impuesto grandes zonas de silencio y autocensura.

Los hechos ocurridos con Aristegui y su equipo, si no los enfrentamos con suficiente claridad, pueden profundizar ese ambiente de autocensura que ya campea en varios ámbitos. En lo inmediato, entorpece o interrumpe las investigaciones que el equipo de Aristegui llevaba a cabo sobre Grupo Higa, entre otros. En el mediano plazo, si esto sigue interpretándose, como hasta ahora, por falta de mejores razones, como una advertencia velada a otros periodistas, inhibirá que otros conglomerados mediáticos concedan espacios autónomos al buen periodismo de investigación y a la crítica.

El espectro radioeléctrico es un bien público que el Estado concesiona a los particulares para su explotación comercial. Detrás de su asignación se encuentra implícita la misión de tutelar la eficiencia en su uso y la provisión de contenidos de utilidad pública. El equipo de Aristegui había hecho un buen trabajo en este sentido para MVS. Pero la concesión también implica la transferencia del Estado hacia un privado de garantizar derechos fundamentales como la libre expresión y el acceso a la información. Ahora que los actos descritos pueden ponerlos en riesgo, es tarea de los demás defenderlos. Esta junta editorial se suma a esa defensa.

El despido mal justificado de un gran equipo de periodistas se suma a otras contrariedades recientes que han sorprendido por su desconexión entre exigencias razonadas y decisiones tomadas: nombramientos a contrapelo de las dudas razonables presentadas por no pocos ciudadanos relacionados con la Suprema Corte, en la Secretaría de la Función Pública y en la PGR, problemas en el INE y falta de castigo a la corrupción. Esto refuerza la trágica idea de que este despido puede haber sido el coletazo de un régimen autoritario que se creía extinto después de tres décadas de transición a la democracia y la llegada de la alternancia presidencial en el año 2000. Estas son las dudas que MVS debe responder. Estas son las preguntas que el resto de la prensa debemos seguir haciendo.

A todo esto habría que añadir el alineamiento de no pocos medios con el gobierno actual. Los grandes conglomerados mediáticos siguen sin haber completado su propia transición a un régimen de libertad y autonomía periodística que se deba principalmente a sus radioescuchas, televidentes y lectores. Ahora las circunstancias parecen hacer aún más difícil esta tarea.

No se trata de si Carmen Aristegui puede o no fundar un nuevo medio. Internet no es masivo en nuestro país; se trata de que allí donde hay brecha digital una voz distinta a la de los boletines oficiales podía ser escuchada por el aire. El punto es que la pluralidad en las voces que tienen acceso a bienes colectivos como el espectro radioeléctrico (así como su utilidad pública) debe estar mínimamente garantizada para sostener una vida democrática.

Frente a las circunstancias, nuestra absoluta solidaridad con Carmen Aristegui, su equipo y aquellos empresarios y periodistas que quieran hacer del periodismo de investigación un hecho libre y disponible para cada vez más mexicanos.

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Pensamiento Horizontal

Horizontal se propone contribuir a un cambio en las formas y los contenidos de la reflexión intelectual en México. Pretende romper con los lugares comunes que pueblan el ejercicio de la crítica en nuestra esfera pública, con el fin de estimular la creación de nuevas discusiones y de intervenir en el rumbo de las ya existentes.

En Horizontal estamos convencidos de que, si algo ha traído el nuevo siglo, ha sido la urgencia de volver a pensar, después del fin del “fin de la historia”, cuestiones que se habían creído resueltas, entre las que destaca en primerísimo lugar el conjunto de viejas y nuevas tensiones alrededor de la igualdad. Premisa fundacional de la democracia, el ideal igualitario es, como lo vio Tocqueville, un proyecto de transformación de aliento prácticamente interminable –no bien acaba la igualdad de establecerse en un cierto espacio de convivencia, cuando ya se perfila en el paisaje social una nueva lucha, que nos interpela con la misma intensidad.

En Horizontal creemos que el horizonte de lo posible (y lo imposible) en la vida en común está mediado por la noción de igualdad como utopía reguladora de las ideas y la acción política. Pensamos que los debates informados por una ideología, entendida como postura política e intelectual, no son el producto de una mente cautiva, sino una incitación al pensamiento.

La reactivación de las inquietudes igualitarias en nuestra época, aunada a la naturaleza inagotable de las exigencias de este ideal, obligan a contar con un nuevo lenguaje para la crítica de la inequidad y la exclusión. Apuntan del mismo modo a una nueva preeminencia de los grandes debates ideológicos e intelectuales. De ahí el proyecto de recuperar la reflexión teórica –sobre todo ahí donde se den cruces significativos entre política, cultura, pensamiento– como fuente de herramientas para el análisis y la crítica. De ahí también la necesidad de proyectar puentes entre academia y mundos no académicos, entre los conceptos de la teoría y la “razón práctica” del periodismo; de pensar desde una zona intermedia en la que las categorías de la investigación académica (provenientes lo mismo de la teoría política que de la crítica literaria, del pensamiento económico que de la sociología y la antropología) alimenten el debate democrático. No se trata, por supuesto, de una mera tarea de “divulgación”, sino de que los hallazgos de la indagación en diversos campos del conocimiento le otorguen a la deliberación cotidiana una nueva profundidad. Se trata, igualmente, de crear un vocabulario y un registro verbal en los que se vuelva evidente que la atención a la actualidad y el recurso a las categorías críticas convergen naturalmente en una reflexión orientada a las demandas del presente.

En el particular presente mexicano, esto significa, entre otras cosas, reconocer los límites de las categorías acostumbradas para pensar nuestra sociedad y nuestra política –reconocer incluso que es posible sospechar que existe una correspondencia entre estos puntos ciegos de nuestros conceptos y las limitaciones reales de nuestras formas de convivencia. Significa preguntarnos, por ejemplo: ¿En qué sentido se puede hablar de México como una “democracia” si aspectos de un régimen democrático, como un aparato electoral relativamente funcional, coexisten en franca desventaja con elementos propios de un arreglo a todas luces oligárquico? ¿A qué nos referimos cuando decimos que en México hay “libertad de expresión”, cuando la libre manifestación de opiniones en ciertos ámbitos convive con una de las tasas de violencia contra periodistas más altas en el mundo? ¿De qué se tratan, en el fondo, las discusiones sobre la economía en México si la mayoría de la población vive de hecho excluida del proceso económico institucional, ya sea por el extremo radical de sus carencias o porque la casi totalidad de su existencia económica se desarrolla en espacios de “informalidad”? En este contexto, ¿qué quiere decir en nuestro país “nación”, “estado”, “derecho”, “libertad”, “república”, “instituciones”? ¿Se trata de categorías efectivas o de conceptos a estas alturas tentativos o vaciados de sentido, en busca de nuevos contenidos o resignificación?

No pocos de estos conceptos vacíos o superados por la realidad se han filtrado e instalado en el lenguaje habitual de la discusión pública y el debate intelectual en México. Por eso, Horizontal sostiene que es urgente desmontar los tópicos de ciertos discursos hegemónicos (como el reformismo y la “modernización”), así como fijar la atención en nuevos temas de reflexión, como las crisis de la representación, las metamorfosis del trabajo, el lugar de los afectos en la vida pública, la emergencia de nuevas subjetividades y modos relacionales, las transformaciones de “lo mexicano” o la pertinencia de la idea misma de “México”.

Ejercitar la imaginación crítica después del fin del fin de la historia equivale a una repolitización de la discusión y de los conceptos –“política”, “derechos”, “legitimidad”, “consenso”, “antagonismo”. La historia está de regreso, y con ella, su incitación más esencial: la crítica de la dominación bajo cualquiera de sus formas y la afirmación polifacética de la igualdad. ¿Qué formas tomarán en nuestro siglo esta crítica y esta afirmación? ¿Cómo pensar, desde México y desde la izquierda, este regreso? Horizontal aspira a imaginar colectivamente, con la colaboración de sus autores y lectores, una respuesta.

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Comunidad Horizontal

En Horizontal creemos que los medios digitales carecen de sentido si no cuentan con una comunidad que los soporte. Es por ello que pretendemos ser un espacio virtual y material en que converjan, fluyan y se conecten personas. Serán esas personas, a su vez, el motor principal de un medio que asume su papel generacional y una clara postura política frente a lo público.

Los medios de comunicación masiva fueron clave para el desarrollo del siglo XX. El auge del radio, la televisión y la prensa (como industria y no como oficio) instauró un paradigma de difusión de mensajes eminentemente vertical: de uno para muchos. Este modelo de control centralizado, de corte capitalista, estranguló el acceso de muchos a la voz pública y privilegió la voz del poder —institucional y fáctico— durante casi todo el siglo pasado. No siempre fue así.

En su libro The Information, James Gleick recorre la historia de la información. Desde los tambores parlantes del Congo, que traducían el idioma kele a sonidos binarios que informaban a comunidades enteras en la selva africana, hasta las redes más modernas, Gleick va y viene en el tiempo demostrando que la información suele estar anclada a una comunidad. Es quizá en el siglo XX cuando se disocian, dado el modelo “uno para muchos”, ambos elementos. Parte del argumento de Gleick descansa en la teoría del científico Claude Shannon, cuya máxima para su teoría sobre la difusión de la información es que “el significado es irrelevante”. Después de una exhaustiva revisión, Gleick acaba por concluir que debemos traer de vuelta la importancia del significado. ¿Cómo? Diversas pistas sugieren que precisamente a través de la construcción de comunidades y de significados colectivos.

Las redes sociales de hoy tienen paralelos históricos con otros modelos que usaron el sistema “de muchos para muchos”. A veces se parecen a los tambores parlantes de la selva; otras veces a las casas de café de la Inglaterra del siglo XVII. El historiador Brian Cowan, en su investigación sobre el fenómeno de las casas de café, describe a estas como “lugares donde las personas se reunían para beber café y aprender la noticia del día, y puntos de encuentro con otros residentes locales para discutir asuntos de interés mutuo”, y apunta ciertos elementos que no distan mucho de lo que hoy vemos en Facebook o Twitter. Primero, esas cafeterías mezclaban clases sociales y se constituían, de facto, en espacios públicos para la discusión. Segundo, las barreras de entrada eran mínimas: comprar un café era todo lo requerido (algunas crónicas de la época dan cuenta del enojo de los académicos de Oxford, quienes pensaban que estos lugares abarataban el conocimiento al ponerlo al alcance de cualquiera). Tercero, en esos cafés se difundía la información del momento: antes de la aparición de la prensa masiva, periódicos como The Spectator tenían en las cafeterías un lugar de deliberación del contenido e incluso de edición del mismo.

Internet de alguna forma volvió de nuevo importante el significado, a la vez que reincorporó a la comunidad a la generación de información. Los individuos no son más consumidores sino también productores de contenido; lo quiera o no, el ciudadano virtual tiene obligaciones comunitarias. Si algo nos han enseñado las redes sociales es que cada nodo de su configuración —es decir, cada persona, menos los bots— ocupa un espacio y tiene a su vez otra red que puede o no estar en línea; redes físicas y virtuales forman una sola para difundir información y generar masa crítica. La traducción espacial de esas redes tiene impactos significativos en la generación de comunidad y en el sentido de pertenencia a un medio. No es casual que medios como The Guardian hoy apuesten a tener un café en el barrio más hipster de Londres, donde parte de sus editores hacen horas de oficina y tienen contacto directo con la gente.

En Horizontal creemos que ser un medio digital que apuesta por comunidades críticas supone contar con espacios físicos para la interacción más allá de lo virtual. Tal como las casas de café de Londres en el siglo XVII, el futuro de los medios en el acelerado tiempo de la red se encuentra en la capacidad de hacer más lento el tiempo virtual y generar espacios que rompan las paredes de los bits para discutir, analizar, criticar y editar. Así, los medios —hoy tan alejados de sus lectores y tan cercanos al poder— podrán recuperar la vida comunitaria como el centro de su acción y, por tanto, tendrán más obligaciones, como ser transparentes y sujetos de rendición de cuentas.

El significado importa, y la comunidad que se apropia esos significados también. En Horizontal nos lo tomamos en serio. Nuestra apuesta es la de crear, a la par de un artefacto editorial, un centro cultural y un café-bar en el que los lectores discutan e intercambien opiniones, un espacio que funcione como una suerte de redacción abierta y social. A diferencia de los nostálgicos que ven una crisis generalizada de los medios, Horizontal solo ve crisis en el modelo vertical, cada vez más costoso y alejado de la realidad.

El modelo de negocios Horizontal

Guillermo Osorno

Horizontal es una sociedad anónima promotora de inversión (SAPI) compuesta por cerca de 15 socios, entre fundadores y capitalistas. Además de ser una empresa cultural y de medios, es también una empresa comercial que busca responder a unas ciertas expectativas de retorno de inversión. El dinero para la puesta en marcha de Horizontal se consiguió de manera convencional, a través del diseño de un plan de negocios y la venta de acciones.

¿Qué es Horizontal?

Horizontal es una publicación de discusión política y cultural como ninguna otra en México, abiertamente de izquierda y animada lo mismo por periodistas y escritores que por académicos y activistas.

Horizontal es un sitio que se suma de manera combativa a la conversación pública, proponiéndose la tarea de reimaginar, desde la izquierda, la comunidad y lo político.

Al contrario de aquellos que declaran el fin de la historia, Horizontal está convencido de que la batalla de las ideas persiste y es más relevante que nunca; confía en los efectos prácticos de las ideas y cree que lo más importante está todavía por ocurrir.

Alejado de los medios que, abanderando una supuesta neutralidad, ocultan un vergonzoso compromiso con el statu quo, Horizontal toma una posición que prioriza al débil sobre el poderoso y cuestiona las maneras en que se construye la autoridad para apuntar a mejores alternativas.

Horizontal plantea, en el ámbito de lo político, la urgencia de revitalizar las formas democráticas mediante un examen del sentido de la participación. En el ámbito económico fomenta los debates en torno a la distribución de la riqueza e invita a explorar los límites de los modelos actuales con la mira puesta en explorar nuevas alternativas. En el ámbito cultural busca reconectar las prácticas artísticas con lo político y lo público; incorpora, además, las agendas emergentes producto de la tensión entre la tecnología, la sociedad y la democracia.

Horizontal avanza a dos tiempos: el de la coyuntura inmediata y el de la larga duración de los grandes debates ideológicos y procesos históricos. Opera en una zona intermedia entre la fugacidad de las noticias y la fijeza de los libros, combinando una mirada atenta al acontecer político con una perspectiva crítica de largo aliento.

Polemista en su estilo, Horizontal tiene un doble filo: la crítica punzante de lo cultural, la historia y la filosofía, por un lado, y el análisis seco y directo de políticas públicas, por el otro. En la combinación sensual de ambas inclinaciones se cifra su potencia.

En un país donde los medios no acostumbran discutirse a sí mismos, Horizontal le apuesta a la transparencia, cuestiona la opacidad de otras publicaciones y se opone a los vicios que habitan nuestra esfera pública: la confusión deliberada de los dichos con los hechos, la falta de claridad y calidad de las posturas editoriales, el encierro obtuso en posturas caducas.

Pensando, inventando, analizando, ensayando, polemizando, desmintiendo, militando, riendo, Horizontal será una plataforma para criticar la desigualdad y la exclusión y para imaginar nuevas configuraciones sociales.